El pasado fin de semana estuve presente en Samaná, unas pequeñas vacaciones familiares en las que aproveché para pasar balance a los protocolos establecidos por el Ministerio de Turismo y Salud Pública, en medio de la pandemia, para así permitir la operación de los resorts, motor principal del turismo en la República Dominicana.

Estando en el Portillo, de Bahía Príncipe, observé cómo desde la llegada, hasta el desplazamiento en áreas públicas del resort es obligatorio utilizar mascarilla, se limita la cantidad de personas que pueden acceder a los restaurantes y se emplean los códigos QR para reemplazar el uso del menú.



En los bares se pide llevar mascarilla puesta al servir las bebidas, las cuales uno se puede quitar estando distanciados en la piscina o la playa.



Los baños, así como los asientos y mesas poseen letreros que indican si han sido aseados, para así evitar que usted ocupe un lugar que previamente había usado otra persona.

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En fin, siempre que se acuda con disciplina, orden y conciencia se puede asistir sin mayores problemas.

En cada rincón, además de la limpieza, había disponibles recipientes con el gel para limpiar las manos.