El gimnasta hispano-dominicano Rayderley Zapata centra las esperanzas de medalla de la gimnasia masculina española en los Juegos Olímpicos de Tokio-2020, donde ya se ha quitado la espinita de Rio-2016 y espera dar un paso más con su nueva figura.

Hace cinco años, este atleta, de 28 años, no pudo meterse en la final, pero ahora llega confiado a la lucha por las medallas en la final de suelo en la capital japonesa.

En Rio-2016, “tenía bastantes opciones pero me acojoné. No salió bien”, afirmaba Zapata antes de viajar a Japón, dispuesto a resarcirse de su actuación en la ciudad brasileña, donde no pasó de las clasificaciones.

En Tokio, el hispano-dominicano logró meterse en la final de suelo del domingo, su especialidad, con la cuarta mejor puntuación (15,041), superado por el subcampeón mundial de este aparato, el israelí Artem Dolgopyat, el ruso Nikita Nagornyy, campeón del mundo absoluto, y el surcoreano Ryu Sunghyun.

“Estoy compitiendo con más experiencia y en cada salto voy a clavar, no a sobrevivir como en otras ocasiones”, afirmaba Zapata tras su actuación el pasado sábado en los clasificatorios.

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El gimnasta se guardó en las clasificaciones su mejor figura, un doble mortal adelante en plancha con pirueta y media, con la que sorprendió en junio pasado en la última prueba de la Copa del Mundo en Doha, donde quedó segundo por detrás de Dolgopyat y selló su clasificación para Tokio.

– Evolución –

“Lo reservamos para la final”, señalaba tras su clasificación este gimnasta, llegado con diez años a la isla canaria de Lanzarote desde su República Dominicana natal.

La figura con la que espera volver a sorprender en Tokio es una evolución de un ejercicio que ya lleva su nombre y que consta en el código de puntuación desde 2016.

Entonces, presentó en la Copa del Mundo de Cottbus un doble mortal adelante con un giro y medio longitudinal.

Su nuevo movimiento difiere del anterior en que lo hace con el cuerpo extendido, por lo que “es mucho más complicado. La rotación es mucho más costosa y se requiere más altura”, según el seleccionador nacional español, Fernando Síscar.

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Zapata, que se inició tardíamente en la gimnasia en Lanzarote, pasó a entrenar con el campeón olímpico, Gervasio Deferr en Barcelona y desde 2013 con la selección española en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid.

Al año siguiente fue bronce en la prueba de salto del potro, otra de sus especialidades, en la prueba de la Copa del Mundo en Cottbus.

Después llegarían una medalla de bronce en suelo en el Campeonato Mundial de 2015, una medalla de oro en los Juegos Europeos de Bakú ese mismo año o dos oros (por equipos y en suelo) en los Juegos Mediterráneos de 2018, entre otras preseas.

– Dos pasos por quirófano –

El hispano-dominicano tiene ahora la oportunidad de sumar a su palmarés una medalla en unos Juegos, a los que ha llegado tras superar algunas lesiones.

En 2017, una lesión en el tendón de Aquiles le obligó a pasar por el quirófano perdiéndose el Mundial de Montreal, pero tras recuperarse y encarrilar su clasificación para Tokio, llegó la pandemia y al aplazamiento de los Juegos.

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El gimnasta aprovechó esos meses suplementarios para pasar otra vez por el quirófano en agosto de 2020 y tratarse de unos problemas en el tobillo izquierdo que llevaba tiempo arrastrando.

Zapata “hubiera aguantado hasta los Juegos de este año, pero con el retraso para 2021 ya era imposible”, había afirmado entonces el coordinador de los servicios médicos de la Federación Española de Gimnasia, Ángel Basas.

Tras este último contratiempo, Zapata ha pasado los últimos meses con el único objetivo de Tokio, donde ahora aspira a poner su nombre junto al de los grandes de la gimnasia española.