En el lenguaje popular “dar macana” significa, emplear la fuerza para resolver algo. Los más entrados en edad, podrán recordar, el grito de guerra del contralmirante Luis Homero Lajara Burgos, cuando para inducir a la represión decía: “macana, macana, macana”.

En los últimos meses, ha tomado vigencia esta singular palabra, hasta el punto que, incluso, la primera dama, Doña Raquel Arbaje, la ha empleado, en un mensaje en sus redes sociales que levantó, múltiples comentarios. Y es que, ante los incontables hechos de sangre, en que se ha visto inmersa la Policía Nacional, así como, los altos índices de criminalidad, registrados en el país, la población, empezó a pedir, un nuevo director de la Policía Nacional que, empleara macana y mano dura.



Tal vez, indicando la necesidad, de un uso racional de la fuerza, por parte, de los agentes del orden, en su trato con los ciudadanos, a quienes juraron proteger. A pesar, de que un golpe con una macana, no tiene nada de racional y si de violencia.

Pero, a lo mejor, la población quiere significar que, prefiere un macanazo y no un balazo. Y en el caso, de la lucha contra la delincuencia, si quiere que, la uniformada sea enérgica, que la ponga a rayas con medidas contundentes, lo que incluye violencia, es decir, mano dura.



Sin embargo, todo esto, es contrario, a los planes de transformación, de la Policía Nacional, para convertirla en una policía diferente a la actual, cercana a la gente, la denominada policía de proximidad. Entonces, llamar a un director de la Policía Nacional a ser macana o mano dura, sobra. Pues al final, la mención a este, tristemente célebre, elemento de disuasión, de esa manera, riñe con la necesaria transformación y profesionalización del cuerpo del orden.



Nuestro país, a decir de muchos, está atravesando un duro momento, en materia de derechos humanos, con las ejecuciones de civiles por parte de la policía. Pero súmele también, la caída del poder adquisitivo del salario en general, las pérdidas de puestos de trabajo, los despidos en el sector público, el aumento de la pobreza, que son indicadores, de la fuerte regresión que vivimos, en materia de derechos: económicos, sociales y culturales.

Es que, el Estado ha ido abandonado, las políticas de inclusión, y ahora por “aclamación popular”, va a endurecer las políticas represivas, en un contexto que podría permitir, la vulneración de la legalidad por la propia policía y hasta desde el poder judicial.

Hay que tener presente que, el incremento del punitivismo (esto es, el aumento en las penas legales, como solución a problemáticas sociales; dando por sentado que, alguien cometió un crimen sin una sentencia) puede conducir al aumento de los índices de prisionización (que son las consecuencias psicológicas del paso por la prisión) y conducir a la ocupación policial del territorio, lo que, a su vez, genera violencia y abusos de poder, algo muy preocupante. Y en nuestro estado actual de institucionalidad, estos, no sólo que no se contienen y sancionan, sino que, ahora se promueven y valoran.

Entonces, debemos estar muy claro, en que la crisis económica actual y las políticas que habrán de ser emprendidas para superarla, pueden llegar a generar muchas preocupaciones (recuerden que flota en el aire una potencial reforma fiscal) y no solo eso, sino también, hambre y desempleo, que al final tienden a agudizar los conflictos sociales. Expulsando a miles de ciudadanos hacia la pobreza y reduciendo sus derechos.

El hambre, el desempleo, la marginalidad y la miseria, son la violencia estructural que debemos combatir de manera urgente. Y no lo será, con más represión y persecución a quienes reclaman por sus derechos.

Con esto, ustedes comprenderán porqué, es que siempre les he comentado que, una correcta estrategia de seguridad, conlleva más que solo impactar a la policía.

De manera que, la macana no es la solución y puede contribuir a acrecentar estas deficiencias y vulnerabilidades que estamos señalando. Porque, al final, por el medio o al principio, la macana siempre se aplica a los pobres. Ya que aquí, estamos muy familiarizados, en asociar, la pobreza con el delito. Pero, los grandes crímenes contra la cosa pública, a lo máximo, cuando reciben “castigos”, reciben penas triviales. En delitos contra el Estado, que es contra nosotros mismos y contra los desheredados de la fortuna.

Para prueba, de lo que le estoy diciendo, basta con ver, las recientes condenas, por el caso Odebrecht. Un caso que envuelve, miles de millones de pesos, en un entramado de corrupción, con cerca de 20 años, en sobornos a legisladores y funcionarios públicos y sobreevaluaciones en contrataciones de servicios y obras públicas.

Un proceso que se tomó, cerca de 5 largos años. Sin embargo, solo fueron condenadas, dos personas, de todo el entramado y con penas que han resultado, risibles, para la sociedad. Demostrando que, la macana, la mano dura y la aplicación de la justicia, en República Dominicana, solo aplica a los pobres.

El nuevo director de la Policía Nacional, general Alberto Then, y la sociedad dominicana, en general, deben comprender que, lo que está en juego, no es cualquier cosa, es el futuro de nuestra familia, de nuestros hijos, de nuestros nietos, lo que, es en realidad, el futuro de nuestra nación. Y cuanto más tardemos en comprenderlo y en atacar, en consecuencia, las causas que hacen que nuestro sistema de seguridad, aqueje tan grandes falencias, en ese mismo orden, podríamos acercarnos al punto de no retorno.

Entonces, es un momento histórico, para como sociedad, demostrar que tenemos una gran capacidad de resiliencia, pero también de creatividad, así como, la voluntad política y la disposición de proveer los recursos necesarios, para poder enfrentar, los grandes desafíos y amenazas que se ciernen, no solo sobre la institución del orden, sino también sobre toda nuestra sociedad.

Para poder entonces, dar respuestas adecuadas, a las demandas de seguridad pública, de los diferentes entes políticos que, conforman este gran país, llamado Republica Dominicana.

Pero, todo esto, en apego a las leyes, la transparencia y al respeto por los derechos fundamentales de los ciudadanos. No necesitamos una gran macana, lo que, si necesitamos, es el respeto de las leyes, de la transparencia, del compromiso de las agencias de seguridad y del compromiso de los ciudadanos. Esto, no es simple, es una tarea ciclópea, nada fácil, pero si queremos acometer con éxito, esta tamaña empresa, debemos comenzar ya.

Y nadie más propicio que, una persona que conoce, el sistema de justicia dominicano, en este caso, el general Eduardo Alberto Then, que cuando fue víctima de una injusticia, decidió transitar el camino de la legalidad y de la institucionalidad en los tribunales dominicanos, para hacer valer sus derechos, cuando les fueron conculcados, con una separación arbitraria y violatoria de la ley.

Los resultados esperados tardaron, pero llegaron, sin necesidad de violentar ningún estamento social. ¡De manera que, general Eduardo Alberto Then, cásese con la gloria y ayude a devolver la tranquilidad y la paz que esta sociedad anhela!

Desbaratando, las estructuras corruptas en la uniformada y en lo externo, combatiendo a la criminalidad en su territorio, pero con apego a la ley. Para que, el día en que, su administración concluya, usted en lo adelante, pueda ser recordado, con el reconocimiento social, de haber adecentado a la Policía Nacional, haberla convertida, en esa policía de proximidad, cercana a la gente y por haber mantenido, a los delincuentes, con métodos modernos y al amparo de la ley, a rayas.

ALFREDO DE LA CRUZ