El presidente Volodimir Zelenski reclamó este jueves que la OTAN «salve» a Ucrania con una «ayuda militar sin restricciones» que le permita pasar de la resistencia a la ofensiva contra las tropas rusas que hace exactamente un mes invadieron su país.

Zelenski hizo este llamamiento en un mensaje de video difundido durante una cumbre extraordinaria de la OTAN en Bruselas e intervino también en las reuniones del G7 de potencias económicas avanzadas y de la Unión Europea (UE) que se celebraron en la capital belga.



Ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el mandatario denunció el uso de bombas de fósforo y los ataques indiscriminados contra zonas civiles por el ejército ruso.

Rusia «utiliza sin restricciones todo su arsenal contra nosotros» y, en consecuencia, «para salvar a su gente y sus ciudades, Ucrania necesita una ayuda militar sin restricciones», alegó.



Ante el G7, indicó que ve un riesgo «real» de que el presidente ruso, Vladimir Putin, contrariado por las dificultades de sus tropas en el terreno, decida usar armas químicas.

Los países de la OTAN, que se dijeron igualmente «preocupados» por el eventual uso de ese tipo de arsenal, «acordaron aportar equipos para ayudar a Ucrania a protegerse contra las amenazas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares», informó el secretario general de la alianza transatlántica, Jens Stoltenberg.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo que la OTAN está «más unida que nunca» y que «responderá» si Rusia recurre a armas químicas.

En Nueva York, la Asamblea General de la ONU pidió por segunda vez el «cese inmediato» de las hostilidades rusas en Ucrania y el fin de los ataques contra civiles. La resolución, no vinculante, fue adoptada por 140 votos a favor, 5 en contra y 38 abstenciones, mostrando el aislamiento diplomático de Moscú.

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– «Gran error» –

Zelenski quiere que la OTAN entregue a Ucrania aviones de combate avanzados, sistemas de defensa antimisiles, tanques, vehículos armados y misiles antibuques.

«En estas tres cumbres veremos quién es un amigo, quién es un socio y quién nos ha traicionado por dinero», afirmó antes de los cónclaves del jueves.

Los miembros de la OTAN han mantenido un envío constante de armas a Ucrania, pero se trata principalmente de dispositivos defensivos.

Estados Unidos indicó que los aliados podrían suministrar misiles antibuques y anunció que donará 1.000 millones de dólares más en ayuda humanitaria. También propuso acoger a 100.000 refugiados ucranianos.

En Ucrania, el Parlamento aprobó un proyecto de ley que prevé penas de hasta 12 años de cárcel para cualquiera que «coopere» con Rusia, «el enemigo».

En el terreno, los movimientos militares importantes parecían en pausa, atribuida por el Instituto estadounidense para el Estudio de la Guerra (ISW) a la necesidad rusa de reforzar sus efectivos y reorganizar sus operaciones.

En el este, las fuerzas rusas están presentes en las inmediaciones de la ciudad de Járkov, pero no han conseguido rodear la ciudad.

Los bombardeos contra esa localidad mataron este jueves al menos seis civiles e hirieron a más de una decena, según las autoridades ucranianas.

Al menos cuatro personas, incluyendo dos niños, murieron en otros ataques en el este, indicó el gobernador de Lugansk, Serguii Gaidai, quien acusó a las fuerzas rusas de usar bombas de fósforo en el pueblo de Rubizhne.

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La marina ucraniana aseguró por su lado que había destruido un navío de transporte militar ruso en el mar de Azov, cerca de la asediada ciudad de Mariúpol.

Rusia «está enfrentando una mayor resistencia de la que esperaba», dijo Stoltenberg, para quien Putin cometió un «grave error» al ordenar la invasión.

 

– «Triste realidad» –

 

Desde que empezó la invasión más de 10 millones de ucranianos -alrededor de un cuarto de la población del país- han tenido que abandonar sus hogares. Entre los desplazados hay 4,3 millones de niños, según Unicef.

«Es una triste realidad que corre el riesgo de tener consecuencias duraderas para las generaciones venideras», declaró la directora general de Unicef, Catherine Russell.

De los 10 millones de desplazados, 3,7 millones huyeron al extranjero, de acuerdo con datos de la ONU.

 

– «Una nueva fase de terror» en Mariúpol –

 

Según Zelenski, en Mariúpol hay cerca de 100.000 personas atrapadas sin comida, agua ni electricidad, sometidas a los bombardeos rusos.

El ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleba, tuiteó que Moscú había iniciado «una nueva fase de terror contra Mariúpol», deportando a la fuerza a unos 6.000 residentes.

El dirigente de la república rusa de Chechenia, Ramzan Kadyrov, aseguró en Telegram que sus militares habían tomado la alcaldía de la ciudad, aunque esa información no pudo ser verificada de forma independiente.

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En Zhitómir, una localidad al oeste de Kiev, un bombardeo ruso alcanzó una escuela.

«Es duro, es muy duro», comentó Vasiliy Kravushuk, empleado en una organización de turismo, cuyo hijo de 6 años debía empezar a estudiar en esa institución el próximo curso.

«Cada día, son 20 o 30 las veces que vamos al sótano [para refugiarnos]. Es muy difícil porque mi esposa está embarazada, tengo un hijo pequeño», contó Kravshuk, frotándose los ojos.

 

– Contra el oro ruso –

 

Estados Unidos y Reino Unido anunciaron más sanciones contra diputados, magnates y entidades rusas.

La Bolsa de Moscú reabrió parcialmente, por primera vez desde el inicio de la invasión. Los miembros del G7, después de su reunión de este jueves, se dijeron listos para adoptar «sanciones adicionales» contra Rusia.

El G7 y la UE acordaron bloquear las transacciones que impliquen a las reservas de oro del Banco Central de Rusia, para impedir que Moscú eluda las sanciones occidentales, indicó la Casa Blanca.

En Rusia, los ciudadanos de a pie ya han empezado a notar la escasez de algunos bienes y la repentina desaparición de marcas occidentales.

Pero son los civiles ucranianos quienes sufren el mayor impacto de la guerra.

«Tendrá que haber más ayudas masivas a Ucrania en las próximas semanas», advirtió Michael Ryan, director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«Nunca había visto unas necesidades tan complejas y repentinas en una crisis, que se ha desarrollado muy rápidamente», agregó.