El Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, iniciativa del Banco Popular Dominicano, realizó el conversatorio “¿Conocemos la riqueza cultural de las Cuevas del Pomier?”, un espacio de diálogo orientado a resaltar la importancia de este patrimonio histórico y ambiental de la República Dominicana.
El encuentro contó con la participación de Domingo Abreu Collado, arqueólogo, espeleólogo y periodista ambiental dominicano; y Luis Carvajal Núñez, ambientalista dominicano que aboga por las áreas protegidas del país, quienes compartieron con el público conocimientos sobre el valor de la Reserva Antropológica Cuevas de Borbón o del Pomier, un área protegida que comprende un conjunto de 55 cuevas y está localizada en el paraje Pomier, municipio San Cristóbal, provincia San Cristóbal.
La actividad forma parte de una agenda de concientización orientada a promover la protección de las cuevas como patrimonio cultural. Tras un primer diálogo titulado “Las cuevas como patrimonio cultural”, en esta ocasión el intercambio se centró específicamente en la importancia de las Cuevas del Pomier, que fueron incluidas en 2018 en la propuesta “Arte rupestre prehispánico en República Dominicana”, presentada por la delegación permanente del país ante la UNESCO, como paso previo para ser considerada patrimonio cultural de la humanidad.
Patrimonio de valor histórico y natural
Durante el conversatorio, los expositores explicaron la trascendencia de este conjunto de cuevas, las cuales albergan unas 6,000 pinturas prehistóricas de aves, reptiles, peces y figuras humanas, y unos 500 grabados, entre pictografías y petroglifos, que tienen una antigüedad superior a los 2,000 años y constituyen un testimonio de la cosmovisión de los primeros pobladores de la Española. Por su riqueza artística, se las conoce por el sobrenombre de “Capilla Sixtina del arte rupestre del Caribe”.
Utilizadas por grupos taínos e igneris como centros ceremoniales y lugares de culto, las Cuevas del Pomier contienen la mayor colección de arte prehistórico de las Antillas, con petroglifos y pinturas realizados con carbón y grasa de manatí. Para los taínos, las cuevas eran portales hacia el origen del universo, de ahí su carga simbólica y mitológica.
Fueron descubiertas en 1849 por el entonces cónsul británico Sir Robert Schomburgk y su reconocimiento internacional llegó a mediados del siglo XX, aunque fueron reportadas por primera vez en 1523 por Fray Ramón Pané y Pedro Mártir de Anglería. Su nombre, Pomier, proviene de la abundancia en su terreno circundante del fruto mamón (Annona muricata), que los franceses confundieron con las manzanas (pomme).



