Caminar hoy por la calle El Conde no es transitar por la vibrante arteria comercial de siempre, recordada por sus tiendas con grandes aparadores, es recorrer un paseo de viejos adoquines de lamentos entre edificaciones de hormigón y cristales sucios que reflejan su decadencia actual.
Jorge González, periodista del diario El Nacional, ha caminado esta vía peatonal decenas de veces en sus 20 años de ejercicio en sus coberturas habituales.
Sin embargo, hoy el ambiente no huele a café ni a turismo; huele a polvo, a humedad y a un profundo abandono.
La monumental reforma que el Gobierno ejecuta en la Ciudad Colonial prometía el renacer definitivo del casco histórico. Lamentablemente, la realidad actual muestra que la obra ha terminado por estrangular la economía de su calle más emblemática de esta zona.
La intervención de las vías aledañas, los desvíos viales interminables y el polvo constante ahuyentaron a los clientes. El resultado de esta falta de planificación es una recesión comercial silenciosa, pero completamente letal.
Un inventario de la desolación
Al avanzar desde la calle Palo Hincado caminado hacia el Parque Colon (dirección oeste-este), el paisaje es doloroso. Su mirada al través de la lente de su cámara de fotografía y video tropieza, cada poco paso que da, con el mismo epitafio comercial repetido en los negocios.
Se observan letreros de «Se alquila» impreso en carteles algunos desteñidos por el fuerte sol caribeño, y el tiempo otros nuevos. También resaltan avisos de «Se vende» pegados sobre vitrinas vacías donde antes se exhibían hermosas artesanías.
Son decenas de fachadas completamente clausuradas con pesadas verjas de metal gris. Estas barreras de hierro bloquean las entradas y reflejan la poca luz de una tarde que acentúa la terrible soledad del entorno.
El drama de la zona no es únicamente económico, sino también un duro golpe al patrimonio histórico.
Edificaciones emblemáticas con arquitectura Colonial, de estilo Neoclásico y Ecléctico, Art Déco y la arquitectura Moderna Internacional, entre otras que deberían ser el orgullo de la primada de América, lucen hoy sumidas en la ruina.
Sus cornisas centenarias se caen a pedazos sobre la acera, las plantas salvajes crecen descontroladas en los balcones coloniales, mientras la pintura original se descascará como la piel enferma.
Testimonios del derrumbe comercial
«Tuvimos que cerrar el negocio familiar después de quince años de trabajo diario», confiesa don Manuel. Él es un antiguo comerciante de calzados que hoy recoge resignado los últimos estantes vacíos de su local.
«La gente simplemente dejó de venir por aquí debido a los trabajos», añade con notable impotencia. «Con las calles rotas alrededor, llegar a El Conde es un calvario; el Gobierno mató a los comerciantes».
El sentimiento de desamparo es generalizado entre los pocos comercios que todavía resisten el embate. Ellos ven cómo sus ventas diarias se han reducido a cero debido al aislamiento que sufren actualmente.
Al consultar a los transeúntes y residentes que aún caminan la peatonal, la indignación colectiva flota en el aire. La comunidad comparte una profunda preocupación por el rumbo económico que ha tomado este importante proyecto estatal.
La gran paradoja de la intervención
La gran pregunta que todos se hacen es por qué se dejó esta importante vía para el final. Nadie en el sector comercial entiende la lógica de la planificación aplicada por las autoridades en la zona.
Los afectados reclaman con amargura que el Gobierno central priorizó la remodelación de las calles de la periferia. Esta decisión terminó asfixiando por completo el centro neurálgico del turismo y del comercio local de Santo Domingo.
Es incomprensible que, siendo El Conde la vía comercial más importante de toda la zona histórica, aún no se tenga una fecha definitiva de inicio para su remodelación arquitectónica, dejando todo en la incertidumbre.
Los dueños de los locales comerciales afirman que la falta de certeza sobre las obras los destruye. Exigen un cronograma claro que les permita planificar sus finanzas antes de caer en una quiebra total irreversible.



