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Carpas comerciales invaden calles y aceras del Gran Santo Domingo

Lo que comenzó como una solución improvisada frente al sol y las lluvias se ha convertido en un dolor de cabeza permanente para el tránsito del Gran Santo Domingo. Cada vez más negocios y talleres colocan carpas metálicas con techos de lona directamente sobre calles y aceras, y esa «protección temporal» terminó quedándose fija todo el año, generando serios problemas de movilidad para peatones y conductores.

Lo que arrancó como un refugio ocasional ante el clima tropical se transformó en una práctica cotidiana que invade el espacio público sin control. Comercios y particulares extienden sus operaciones hacia la vía pública, incumpliendo ordenanzas municipales y normas de tránsito, mientras los peatones se quedan sin aceras por donde caminar y el flujo vehicular se complica cada vez más.

Un negocio que crece a costa del espacio de todos

Aunque esta práctica puede leerse como parte de la creatividad popular dominicana para «resolver», también deja al descubierto la poca vigilancia sobre los bienes comunes. Talleres de mecánica, ebanistería, desabolladura y pintura, negocios de repuestos y vendedores informales de comida y ropa aprovechan las carpas para duplicar su área de trabajo sin pagar un peso extra de alquiler, a costa del entorno y la convivencia del vecindario.

Antonio Peña, uno de los residentes consultados, matizó que el problema va más allá de las carpas: recordó que en algunos sectores hay incluso casuchas de madera y lonas que resultan peores porque quedan fijas todo el tiempo, mientras que las carpas al menos suelen cerrarse de noche. Aun así, reconoció que eso «no quiere decir que eso esté bien».

Peatones empujados hacia la calle

El golpe más duro de esta ocupación lo reciben los transeúntes. Las aceras, pensadas exclusivamente para el paso de personas, terminan bloqueadas con parantes de hierro, mercancía almacenada, mesas improvisadas y trabajadores en plena faena. Como resultado, muchos peatones no tienen otra opción que bajarse a la calle y caminar entre los vehículos, con el riesgo que eso implica.

Adrián Rojas, residente de una de las zonas afectadas, explicó que el verdadero problema no es solo el uso de las carpas, sino que las calles y aceras se usan para todo tipo de actividad, y que estas estructuras —al igual que las sombrillas— se instalan sin importar si llueve o hace sol, quedándose ahí de forma indefinida. Incluso de noche, dijo, basta con colgar un bombillo para seguir trabajando como si nada.

Los más perjudicados por estos obstáculos son los adultos mayores, los niños y las personas con discapacidad motora, quienes enfrentan un verdadero recorrido de obstáculos para simplemente caminar por su barrio, mientras la comodidad del negocio parece pesar más que la seguridad de quienes transitan a pie.

Calles más angostas, más tapones y menos visibilidad

El impacto también se siente al volante. En calles ya de por sí estrechas, la instalación de carpas sobre el pavimento reduce todavía más el ancho disponible para circular. Vehículos estacionados junto a mecánicos trabajando bajo las lonas generan embotellamientos constantes y obligan a maniobras riesgosas para poder pasar.

Los conductores deben frenar en seco al acercarse a estas zonas por el movimiento constante de trabajadores y clientes en plena vía, lo que interrumpe el tráfico normal y provoca tapones prolongados en las horas pico. A esto se suma que la visibilidad en las esquinas se ve comprometida cuando las carpas se colocan justo en intersecciones clave, elevando el riesgo de choques entre carros y motores.

Una práctica que viola la ley de tránsito

Esta situación choca de frente con la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, que prohíbe expresamente colocar obstáculos que impidan el libre tránsito de peatones y vehículos en las vías. Las alcaldías del Gran Santo Domingo también cuentan con ordenanzas sobre uso de suelo y espacios públicos, pero en la práctica no las hacen cumplir.

La ocupación no autorizada de aceras mediante estructuras fijas o semifijas es una infracción administrativa sancionable, pero la fiscalización sigue siendo insuficiente frente al crecimiento acelerado de este fenómeno. La falta de consecuencias reales termina animando a más personas a copiar la práctica para expandir su negocio.

Villas Agrícolas, La Fe, Villa Juana y Villa Consuelo, entre los sectores más golpeados

En la capital, los sectores donde más se ha extendido este problema son Villas Agrícolas, ensanche La Fe, Villa Juana y Villa Consuelo, zonas donde las carpas instaladas dificultan a diario el paso tanto de vehículos como de peatones.

Se pide mano dura desde los ayuntamientos

Solucionar este problema exige coordinación entre las autoridades municipales, la Digesett y los líderes comunitarios del Gran Santo Domingo. Se necesitan operativos de recuperación de espacios públicos, pero también alternativas reales para los trabajadores informales que dependen de esa protección frente al clima.

El reto está en equilibrar el desarrollo económico de los pequeños negocios con el derecho colectivo a circular libremente. No se trata de frenar el trabajo de nadie, sino de garantizar que las calles y aceras cumplan su función social: ser de todos. Reportaje y fotografías de Jorge González, para El Nacional.

Amaury Mo

Amaury Mo

Amaury Moreno (Amaury Mo) Comunicador digital, director creativo de Ensegundos.do desde 2007.