Muchos hombres crecen escuchando que dejar de tener relaciones sexuales por largos periodos puede traer consecuencias negativas para la salud, desde disfunción eréctil hasta un supuesto mayor riesgo de cáncer de próstata. Sin embargo, especialistas en salud masculina son claros al respecto: la abstinencia, por sí sola, no provoca esta enfermedad.
No hay evidencia de que la abstinencia cause tumores
De acuerdo a Alberto Daniel Barboza en El Diario NY, portales especializados como Cancer Center señalan que no existen estudios que demuestren que dejar de tener relaciones sexuales genere alteraciones capaces de derivar en un tumor prostático. Tampoco hay una frecuencia «ideal» de relaciones o eyaculaciones que un hombre deba cumplir para mantener su próstata en buen estado.
Lo que sí reconocen los especialistas es que la actividad sexual puede influir de alguna manera en el bienestar general y en el funcionamiento de la próstata, pero eso está lejos de significar que exista una protección comprobada contra el cáncer.
¿Por qué se relaciona la eyaculación frecuente con menor riesgo?
Algunas investigaciones citadas por Hartford HealthCare han encontrado una ligera asociación entre las eyaculaciones frecuentes y una reducción en las probabilidades de desarrollar cáncer de próstata, tanto en hombres que tienen relaciones sexuales como en quienes eyaculan mediante la masturbación.
Una de las teorías manejadas por la comunidad médica es que la eyaculación podría ayudar a vaciar las secreciones acumuladas dentro de la glándula prostática, eliminando así sustancias que en teoría podrían resultarle perjudiciales con el paso del tiempo.
Aun así, los médicos insisten en que esta asociación no debe tomarse como una recomendación médica ni como una fórmula para prevenir el cáncer. La evidencia disponible todavía no es concluyente, y un hombre que atraviesa un periodo prolongado sin actividad sexual no debería asumir que por eso está más expuesto a la enfermedad.
Los verdaderos factores de riesgo del cáncer de próstata
Los especialistas coinciden en que hay factores con mucho más peso que la vida sexual a la hora de hablar de riesgo real:
La edad es determinante, ya que las probabilidades de desarrollar la enfermedad se disparan a partir de los 50 años. Los antecedentes familiares también juegan un papel importante: tener parientes cercanos que hayan padecido cáncer de próstata incrementa las posibilidades de padecerlo.
Asimismo, distintos estudios han encontrado que la enfermedad es más frecuente entre hombres de piel negra. A esto se suman los hábitos de vida, como una alimentación deficiente y la falta de ejercicio, que afectan la salud general y forman parte de los aspectos que todo hombre debería vigilar de cerca.



