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Insultos, pleitos y malas palabras asfixian al Gran Santo Domingo

Un recorrido por varios puntos del Gran Santo Domingo dejó un diagnóstico preocupante: la vulgaridad y las malas palabras dejaron de ser la excepción para convertirse en la forma más común de comunicación entre los capitaleños, sin distinción de edad, sector ni nivel educativo.

Ya sea a pie, en carro público, guagua o motoconcho, resulta casi imposible moverse por la ciudad sin presenciar algún cruce de insultos. En los barrios más populares, la agresión verbal terminó por borrar cualquier diferencia de clase o formación académica; lo que antes era una salida de tono ocasional, hoy es el lenguaje habitual del día a día.

En pleno sector La Zurza, a orillas del río Isabela, una madre le gritaba a su hijo de apenas 12 años con palabras altisonantes, reclamándole que se alejara de un joven que ella describía como conflictivo. Escenas similares se repiten por toda la ciudad, donde cualquier tropiezo cotidiano —un choque en la calle, una fila en el colmado— puede escalar en segundos del trato normal al insulto directo.

Cuando los insultos llegan hasta las canchas y las escuelas

En canchas improvisadas de barrio, donde los adolescentes arman sus propios tableros de baloncesto en los postes de luz, las discusiones por una jugada suelen resolverse a gritos y con lenguaje ofensivo, en lugar de con el reclamo deportivo tradicional.

La situación no mejora a la salida de las escuelas y liceos públicos. Estudiantes de ambos sexos, influenciados por el contenido que consumen en redes, protagonizan enfrentamientos verbales que con frecuencia terminan en peleas físicas en plena acera, con amenazas incluso hacia familiares de por medio.

Una maestra de secundaria consultada para el reportaje confesó sentir vergüenza al tener que caminar junto a sus propios hijos mientras adultos discuten a gritos con palabras que, dijo, ni siquiera pueden repetirse frente a los menores.

Tránsito, estrés y el insulto como escudo

Buena parte de esta agresividad tiene su raíz en el estrés que genera la rutina citadina: el tráfico pesado, el calor y el ruido constante mantienen a conductores y peatones en un estado de irritabilidad permanente. Ante cualquier imprudencia vial, el insulto se convierte en la primera reacción, tanto para peatones como para choferes de transporte público, que intercambian palabras fuertes por cualquier maniobra brusca.

La escena se repite en mercados populares como el Mercado Nuevo, donde discusiones por el orden en una fila terminan rápidamente en ofensas directas entre compradores.

La radio, el streaming y la música urbana

El fenómeno también tiene presencia en medios de comunicación. En la radio tradicional persiste un vocabulario grosero por parte de algunos locutores reconocidos, aunque el reportaje apunta a que el verdadero foco de contaminación está en el streaming y los podcasts digitales, donde circula sin ningún tipo de regulación un lenguaje cargado de groserías bajo la etiqueta de «contenido para adultos».

De acuerdo a Jorge González en El Nacional, esta tendencia se aceleró en la última década de la mano del auge del dembow, el trap y el reguetón, géneros con letras explícitas, además de la influencia de series sobre narcotráfico que popularizaron modismos ajenos a la cultura dominicana.

Una cultura que normaliza la agresión

El reportaje concluye que esta pérdida de cordialidad erosiona las bases de la convivencia ciudadana: al normalizarse la vulgaridad como forma de comunicación, se debilita la capacidad de resolver conflictos por la vía pacífica y aumenta el riesgo de que las discusiones verbales terminen en violencia física. En talleres y ambientes de trabajo informal, incluso, hablarle mal a alguien se interpreta erróneamente como una muestra de carácter, mientras que el trato educado suele leerse como debilidad.

Amaury Mo

Amaury Mo

Amaury Moreno (Amaury Mo) Comunicador digital, director creativo de Ensegundos.do desde 2007.