El nombre de Gonzalo Castillo volvió a colocarse en el centro de la conversación política dominicana tras confirmar su regreso al ruedo como aspirante presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para las elecciones de 2028. Su figura, conocida en todo el país por su paso al frente del Ministerio de Obras Públicas, reabre un capítulo que muchos daban por cerrado tras su derrota electoral de 2020.
De Obras Públicas a candidato presidencial
Castillo llegó al ojo público como ministro de Obras Públicas y Comunicaciones durante el gobierno de Danilo Medina, gestión en la que se le atribuye la implementación del servicio de asistencia vial en las carreteras y un amplio programa de infraestructura. Esa etapa lo convirtió en una de las caras más reconocibles de aquel gobierno, al punto de ser elegido como candidato presidencial del PLD en 2020, en medio de la fractura que terminaría dando origen a la Fuerza del Pueblo.
En aquellos comicios obtuvo un 37% de los votos, cifra que quedó por debajo de Luis Abinader, hoy presidente de la República, pero que lo mantuvo como una de las figuras con mayor peso dentro del peledeísmo.
Un vaivén de idas y vueltas
Su camino hacia esta nueva candidatura no ha sido lineal. En los últimos años, Castillo llegó a anunciar públicamente que no aspiraría a la presidencia y pidió incluso no ser tomado en cuenta por el PLD. En febrero de este año, sin embargo, el Comité Central del partido morado formalizó su regreso como aspirante, sumándose a otros dirigentes que también compiten por la nominación, como Francisco Domínguez Brito, Francisco Javier García y Charlie Mariotti.
La organización definió que la escogencia de su candidato se hará mediante una consulta abierta, en la que podrán participar también ciudadanos no afiliados a otros partidos.
Fortalezas: reconocimiento y encuestas a su favor
Entre sus principales activos está el conocimiento público que arrastra desde su gestión en Obras Públicas y su condición de único precandidato con apodo popular, «El Penco», algo que en la política dominicana suele traducirse en cercanía con el electorado. Distintas mediciones internas dentro del PLD lo colocan muy por encima del resto de los aspirantes de su partido, lo que ha llevado a varios dirigentes, incluido Charlie Mariotti, a declinar sus propias aspiraciones para respaldarlo.
Su irrupción también ha cambiado la lectura del tablero político de cara a 2028: de una carrera vista como polarizada entre el oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la Fuerza del Pueblo (FP), varios análisis ahora contemplan la posibilidad de una segunda vuelta, algo que no ocurre en el país desde hace tres décadas.
Debilidades: el caso Calamar y la sombra de 2019
Su regreso no está libre de obstáculos. Castillo enfrenta actualmente un proceso judicial conocido como el caso «Calamar», vinculado a financiamiento de campaña, aunque no se le atribuyen señalamientos de corrupción directa durante su gestión al frente de Obras Públicas.
A esto se suma un cuestionamiento político de fondo: sectores críticos dentro y fuera del PLD lo señalan como una figura que no surgió de un liderazgo natural ni de un proceso democrático interno, sino como una jugada del propio Danilo Medina en 2019 pensada para bloquear a Leonel Fernández, división que terminó por desmembrar al partido morado. Su candidatura, dicen estas voces, corre el riesgo de repetir ese mismo desenlace.
Lo que viene
Con la consulta interna del PLD prevista para el último trimestre del año, Gonzalo Castillo enfrenta el reto de traducir su ventaja en las encuestas partidarias en una candidatura sólida capaz de disputarle terreno tanto al PRM como a la FP en 2028, en un escenario donde la sucesión de Luis Abinader —quien no puede reelegirse— abre interrogantes sobre el futuro del mapa político dominicano.



