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Las supersticiones de los peloteros dominicanos

Hay una pregunta que nadie ha podido responder con certeza en el béisbol: ¿pisar la raya de cal trae mala suerte? La ciencia no lo ha comprobado, pero tampoco lo ha descartado. Y mientras tanto, en Grandes Ligas —donde todo se mide en millas por hora, pies recorridos y estadísticas— también sobrevive un terreno donde manda la fe y las costumbres que ningún jugador se atreve a romper cuando siente que la suerte lo acompaña.

Al final, hay cosas en este deporte que ni la ciencia logra explicar del todo: cómo un bateador identifica en una fracción de segundo el tipo de lanzamiento que se le viene encima, o por qué un pelotero que jura no creer en supersticiones se niega en redondo a cambiar de bate, de medias o hasta de asiento cuando está en racha.

Ahí es donde el béisbol dominicano tiene mucho que contar. Según indica Rafael Martínez en El Nacional, nuestros peloteros no solo llevan talento al terreno: también cargan creencias y cábalas que muchos niegan en público, pero que cuidan como si fueran parte del uniforme.

David Ortiz: «no creo, pero por si acaso»

Big Papi es todo un caso de estudio. Antes de entrar a la caja de bateo tenía su propia coreografía: colocaba el bate sobre una pierna, escupía en la mano y aplaudía antes de arrancar su turno. Ortiz siempre dijo que no era supersticioso y que su confianza estaba puesta en Dios. Pero, como bien se sabe, una cosa es no creer en cábalas y otra muy distinta es atreverte a romper una rutina cuando todo te está saliendo bien.

Pedro Martínez y el amuleto llamado Nelson de la Rosa

El inmortal de Manoguayabo tampoco se consideraba supersticioso; se presentaba como un hombre de preparación y disciplina. Pero durante la histórica temporada 2004 de los Medias Rojas de Boston, apareció en su entorno una figura muy particular: Nelson de la Rosa, quien se hizo amigo cercano de Pedro. Ese año, Boston rompió la «Maldición del Bambino» y se coronó campeón de Serie Mundial después de 86 años de sequía. ¿Tuvo algo que ver De la Rosa? Probablemente no, pero en el béisbol basta con que algo bueno pase después de una cábala para que quede convertido en leyenda.

El salto al cielo de Sammy Sosa

Sammy Sosa tenía un gesto mucho más sentimental: cada vez que conectaba un jonrón, miraba hacia el cielo para dedicárselo a familiares fallecidos. Y tuvo de sobra la oportunidad de repetirlo, en una época en la que sacaba pelotas del parque a un ritmo casi de videojuego. Ese momento —la mirada al cielo mientras la bola viajaba hacia las gradas— terminó siendo una de sus imágenes más recordadas.

Vladimir Guerrero y su casco intocable

Vladimir no necesitaba demasiadas cábalas para hacer sufrir a los pitchers; le bastaba pararse en el plato y tirarle a casi todo lo que le lanzaran. Pero también tenía las suyas: se aferraba a un casco de bateo viejo y sucio que nadie se atrevía a tocarle mientras estuviera funcionando, y solía desgastar las mangas de su uniforme a fuerza de manipularlas. Podía verse como si acabara de salir de una finca, pero apenas se paraba en el plato, el problema era para el lanzador.

Ricardo Carty y su devoción a la Virgen

Ricardo Carty, uno de los grandes bateadores dominicanos de su generación, llevó la conexión entre béisbol y fe a otro nivel: según relatos de la prensa deportiva, llegó a entregar su bate a la Virgen de la Altagracia. Al final, ningún bateador que le ha encontrado el truco a la pelota quiere desafiar la suerte.

Las cábalas no son exclusivas de los dominicanos —en Grandes Ligas abundan los rituales de todo tipo, desde comidas específicas hasta asientos prohibidos—, pero nuestros peloteros tienen su propio sello para vivirlas: con fe.

Amaury Mo

Amaury Mo

Amaury Moreno (Amaury Mo) Comunicador digital, director creativo de Ensegundos.do desde 2007.