Hay una cifra que suena bien en los discursos oficiales: 134 unidades conforman el Sistema Nacional de Áreas Protegidas de la República Dominicana. Y hay otra que casi nunca se menciona en el mismo párrafo: en algunos de esos parques apenas 10 o 12 personas cargan con la responsabilidad de vigilar cientos de kilómetros cuadrados de montaña, bosque y terreno intransitable.
El ambientalista Nelson Bautista puso el dedo en esa herida al describir lo que, a su juicio, es una tarea sencillamente imposible de ejecutar con el personal disponible.
«Hay parques nacionales como estos que tienen apenas 10 o 12 guardaparques para cubrir 500 o 600 kilómetros de área protegida. Es materialmente imposible», expresó durante su participación en el programa «Esto No Tiene Nombre».
Los nombres detrás del problema
Bautista no habló en abstracto. Mencionó casos concretos: Sierra de Bahoruco, Los Haitises, Valle Nuevo, Nalga de Maco y Cotubanamá. Territorios enormes, con zonas donde llegar a pie puede tomar horas y donde la vigilancia permanente se vuelve una aspiración más que una práctica.
Pero el asunto no se agota en contar cabezas. Según explicó, de poco sirve aumentar la plantilla si esos agentes no tienen cómo moverse ni cómo comunicarse. Vehículos, motocicletas, radios y equipos básicos forman parte de la ecuación, y en más de un caso ni siquiera hay una motocicleta disponible para recorrer el área asignada.
De acuerdo a Katherine Espino en El Día, el ambientalista reconoció los programas de formación impulsados por el Ministerio de Medio Ambiente y admitió que las condiciones laborales de los guardaparques han mejorado. Su reparo apunta a otra cosa: la velocidad con que ese personal llega efectivamente al terreno.
«Las áreas protegidas no terminan de enterarse de que los guardaparques que necesitan están disponibles», sostuvo.
Lo que dice el Gobierno
El panorama que describe Bautista choca de frente con el balance que presentó el presidente Luis Abinader en su rendición de cuentas de 2026.
El mandatario habló de nuevas oficinas provinciales, centros de protección y vigilancia rehabilitados y un programa de dignificación del cuerpo de guardaparques. En números: 400 guardaparques capacitados y certificados, con seguro médico incluido y mejores condiciones de trabajo.
A eso sumó la aprobación de nuevos planes de manejo para áreas protegidas estratégicas y dos cifras de peso: 25.5 % del territorio terrestre del país bajo protección y 30.8 % en el ámbito marino. También aseguró que la superficie afectada por incendios forestales cayó un 65 % en los primeros meses del año, bajo lo que describió como una política de tolerancia cero ante los delitos ambientales.
Declarar no es lo mismo que proteger
El cruce entre ambas versiones destapa una de las grietas menos visibles de la conservación: la distancia que separa una declaratoria oficial de la capacidad real de hacerla valer sobre el terreno.
La Oficina Nacional de Estadística define las áreas protegidas como espacios bajo un régimen especial de manejo y conservación, y los parques nacionales como territorios extensos destinados a preservar procesos ecológicos de gran escala. Crear la figura legal es el primer paso; sostenerla exige gente, transporte y equipos.
Mientras un puñado de agentes siga respondiendo por extensiones de cientos de kilómetros cuadrados, advierte Bautista, la vigilancia continuará siendo el punto más frágil de todo el sistema.
Queda entonces la pregunta que nadie ha respondido con números: ¿cuántos guardaparques hacen falta realmente para que las 134 unidades del sistema estén protegidas de verdad y no solo en el papel?



