El especialista en relaciones internacionales Iván Gatón afirmó, durante una entrevista con el periodista Pablo McKinney, que el mundo transita velozmente hacia un orden postoccidental caracterizado por la pérdida de hegemonía del eje atlántico, la erosión del derecho internacional y el avance irreversible de las potencias asiáticas.
Durante el diálogo, Gatón desglosó los factores geopolíticos, demográficos y culturales que marcan esta transición histórica:
La trampa de Tucídides y la pugna multipolar La tensión entre Estados Unidos y China encarna el conflicto estructural entre una potencia establecida y una emergente. Gatón señaló que el predominio occidental de los últimos 500 años pierde terreno frente al dinamismo de Asia, donde actores como China, India y Vietnam reconfiguran el producto interno bruto global y la infraestructura estratégica mundial.
Retiro multilateral y la lógica de Hobbes El debilitamiento de organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Corte Penal Internacional retrotrae a la sociedad global a un estado de naturaleza hobbesiano, dominado por la máxima del homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). Al vaciarse de efectividad el derecho internacional público, la geopolítica queda reducida al dominio estricto de las zonas de influencia y a la imposición de la fuerza.
Divergencia demográfica y crisis de liderazgo Gatón contrastó el declive demográfico de Europa —que pasó de representar el 25 % de la población mundial a principios del siglo XX a solo un 7 % actual— con el crecimiento poblacional de África e India. Asimismo, denunció la falta de visión de la clase política en Occidente, definiendo el momento actual bajo el concepto a small man in a big time (hombres pequeños en tiempos grandes), donde priman élites enfocadas en el cortoplacismo y el beneficio propio.
Decadencia cultural y rescate de valores Finalmente, el académico contrapuso la exigencia meritocrática y educativa del entorno asiático con la cultura del consumo superficial y el auge de las redes sociales en Occidente. Frente a esta «pobreza espiritual», instó a retomar la ética del trabajo, la disciplina y la formación cultural para afrontar la incertidumbre de este cambio de época.



