Hace apenas unos años, el Programa 24 Horas era la gran carta de las distribuidoras eléctricas dominicanas. Edesur, Edenorte y Edeeste, de la mano de la CDEEE, lo presentaban como la solución definitiva: rehabilitar redes completas en circuitos donde la comunidad pagara puntual, a cambio de electricidad ininterrumpida. Para 2015 ya beneficiaba a más de un millón de clientes, y las inauguraciones con bombos y platillos en Bonao, San Marcos o Villa Altagracia eran noticia constante. Hoy, ese nombre prácticamente desapareció del discurso oficial. Y la realidad en las calles explica por qué.
De la fiesta de las inauguraciones al silencio institucional
Entre 2015 y 2019, el programa fue bandera de gestión: cientos de millones de dólares en inversión, kilómetros de redes rehabilitadas, tele-medidores instalados sector por sector. Cada circuito normalizado se celebraba como un logro político. Pero desde hace varios años, las Edes ya no hablan de «24 Horas» como marca ni como meta pública. El discurso cambió a uno mucho más defensivo: reconocer averías, pedir paciencia y llamar al ahorro energético.
Lo que dicen los números hoy
La cifra que más se repite ahora no es la del programa, sino el promedio nacional de horas de servicio: alrededor de 23.49 horas diarias según la Superintendencia de Electricidad. Suena cercano a la meta, pero ese promedio esconde una realidad mucho más desigual. En los primeros cuatro meses de 2026, las interrupciones mensuales por cliente aumentaron en las tres distribuidoras estatales, con Edenorte a la cabeza: de un promedio de 13.78 cortes en enero a casi 20 en abril.
Testimonios que contradicen el discurso oficial
En sectores como Los Ríos, en Santo Domingo, vecinos describen algo muy distinto a un servicio continuo: la luz se va y vuelve varias veces en un mismo día, al punto de temer por sus electrodomésticos. Hay quienes reportan hasta 12 horas seguidas sin energía. En el Suroeste del país, la preocupación se agrava porque los apagones prolongados afectan a personas mayores con condiciones como la hipertensión, según han denunciado organizaciones comunitarias. Y en el Congreso, la diputada Selinée Méndez llegó a resumir el hartazgo asegurando que «aquí no hay bolsillo que aguante» tantos cortes.
Un rastreador que expone lo que las Edes no dicen
La plataforma luzrd.do, que monitorea apagones en tiempo real, llegó a contabilizar 26 interrupciones y más de un centenar de mantenimientos en un solo día de finales de julio. Al mismo tiempo, Protecom recibió más de 15,000 reclamaciones contra las distribuidoras solo entre abril y junio de este año. Son cifras que chocan de frente con la narrativa de un país que avanzó hacia el servicio continuo.
El otro golpe: facturas altas con luz que no llega
Lo que más indigna a los usuarios no es solo la falta de electricidad, sino tener que pagar más por un servicio que cada vez cumple menos. Consumidores reportan facturas que se disparan de un mes a otro sin explicaciones claras sobre lecturas de medidores o tarifas aplicadas, justo en los mismos sectores donde los apagones son más frecuentes. Pagar más por menos: esa es la ecuación que enfrentan miles de hogares dominicanos.
Lo que quedó del programa
El Programa 24 Horas no desapareció formalmente ni fue cancelado con un anuncio oficial. Simplemente dejó de ser prioridad comunicacional, mientras el sistema eléctrico nacional volvió a mostrar las mismas grietas de siempre: déficit de generación en temporada de calor, plantas fuera de servicio, redes que no se terminan de modernizar y una demanda que crece más rápido que la capacidad de respuesta. La marca se apagó antes que muchos de los circuitos que alguna vez prometió mantener encendidos las 24 horas del día.



