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¿Cuándo en República Dominicana podremos beber agua de la llave o grifo?

Durante mi visita a Canadá, específicamente a la provincia de Quebec, he descubierto una de esas pequeñas diferencias que terminan provocando grandes reflexiones sobre la calidad de vida de los ciudadanos.

No se trata de sus carreteras, sus modernos edificios, la organización del tránsito ni de sus impresionantes paisajes. Es algo mucho más sencillo: la posibilidad de abrir la llave de la cocina, llenar un vaso de agua y beberlo con tranquilidad.

En Saint-Jean-sur-Richelieu, la ciudad donde me encuentro alojado, descubrí que el agua suministrada por la red municipal es normalmente apta para el consumo humano. No es necesario comprar botellones, instalar costosos sistemas de filtración ni hervir el agua, salvo cuando las autoridades emiten alguna advertencia sanitaria.

Para un dominicano acostumbrado a comprar agua embotellada para beber, preparar jugos o incluso cocinar determinados alimentos, esta realidad llama poderosamente la atención.

Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿cuándo podremos hacer lo mismo en República Dominicana?

El agua potable como parte de la vida cotidiana

En buena parte de Canadá, beber agua del grifo es una práctica habitual. Las autoridades municipales supervisan la calidad del suministro y existen procedimientos para informar a la población cuando se detecta alguna situación que pueda comprometer su seguridad.

Esto no significa que toda el agua canadiense sea potable en cualquier lugar o circunstancia. También existen comunidades con problemas de abastecimiento, infraestructuras deficientes y avisos temporales o prolongados de hervir el agua.

Sin embargo, en numerosas ciudades, la confianza en el servicio público permite que algo tan esencial como beber agua no represente una preocupación cotidiana.

La realidad dominicana es diferente

En República Dominicana, el acceso al agua y la confianza en su calidad son dos asuntos que no siempre van de la mano.

Muchas familias reciben agua a través de las tuberías de sus viviendas, pero no necesariamente la consideran segura para beber directamente.

Por eso, el botellón de agua purificada se ha convertido en un elemento casi indispensable de los hogares dominicanos.

Incluso en sectores residenciales donde existe suministro regular, numerosas familias prefieren comprar agua procesada para el consumo humano.

El problema no se limita a las plantas de tratamiento. También intervienen el estado de las tuberías, las interrupciones del servicio, las posibles filtraciones, el almacenamiento doméstico en cisternas y tinacos y los controles sanitarios a lo largo de toda la red.

Una planta puede producir agua que cumple los estándares de potabilidad, pero eso no garantiza que llegue en iguales condiciones hasta el vaso del consumidor.

Un gasto que hemos normalizado

Hay otro aspecto que merece atención: el económico.

En República Dominicana, comprar agua para beber representa un gasto adicional para millones de ciudadanos. Cada botellón, cada botella individual y cada sistema de filtración supone dinero que las familias deben destinar a una necesidad básica.

En ciudades canadienses donde el suministro municipal es potable, ese consumo puede realizarse directamente desde la llave, sin depender habitualmente de la compra de agua embotellada.

Naturalmente, el servicio de agua tiene costos de infraestructura, tratamiento, mantenimiento y operación. No es agua gratuita, pero su consumo seguro desde el grifo reduce la necesidad de comprarla por separado.

¿Qué necesita República Dominicana para lograrlo?

No basta con construir acueductos o aumentar la producción de agua tratada. El verdadero desafío consiste en garantizar que el líquido llegue a los hogares con calidad, continuidad y seguridad.

Para avanzar hacia ese objetivo, República Dominicana necesita inversiones sostenidas en modernización de redes, reducción de fugas, tratamiento adecuado, vigilancia sanitaria y sistemas transparentes de información pública.

También resulta fundamental mejorar la continuidad del suministro. Cuando las tuberías pierden presión o el servicio se interrumpe, pueden aumentar los riesgos de contaminación si existen fallas en la infraestructura.

La confianza ciudadana debe construirse con resultados verificables, análisis periódicos y comunicación clara sobre la calidad del agua que llega a cada comunidad.

Una pregunta que merece respuesta

Mi experiencia en Canadá me ha permitido comprobar que beber agua directamente de la llave puede ser una acción completamente normal en la vida diaria.

Algo tan sencillo, que aquí apenas merece atención, en República Dominicana todavía genera dudas y desconfianza.

No se trata de afirmar que Canadá no tiene problemas ni de desconocer las inversiones que se han realizado en nuestro país para mejorar los servicios de agua potable.

Se trata de reconocer que todavía tenemos un desafío importante: conseguir que el agua que llega a nuestras viviendas sea suficientemente segura y confiable para beberla sin temor.

Porque el verdadero progreso de un país no solamente se mide por sus grandes construcciones, autopistas o edificios modernos, sino también por la calidad de los servicios básicos que reciben sus ciudadanos.

Y mientras observo cómo una simple llave puede suministrar agua apta para beber en esta ciudad canadiense, vuelvo a pensar en mi país y en una pregunta que algún día deberíamos poder responder con satisfacción:

¿Cuándo llegará el momento en que los dominicanos podamos abrir el grifo de nuestras casas, llenar un vaso de agua y beberlo con la misma tranquilidad?

Amaury Mo

Amaury Mo

Amaury Moreno (Amaury Mo) Comunicador digital, director creativo de Ensegundos.do desde 2007.