Raros, pero brillantes

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El perfil ideal del trabajador es el del líder que se comunica bien, trabaja en equipo y es productivo. Por eso, cualquiera pensaría que las personas desorganizadas, con dificultades para relacionarse con los demás o con problemas para leer y redactar textos no son idóneas para ocupar cargos ejecutivos. Sin embargo, en la actualidad hay evidencia de que quienes sufren de dislexia, déficit de atención con hiperactividad o síndromes relacionados con autismo, como el de Asperger, son reclutados por las grandes compañías debido a que cuentan con otras habilidades mentales que difícilmente podrían ser encontradas en personas del común.

Esos desórdenes son muy complejos y no existe un consenso general sobre su origen, aunque es evidente que hay influencia genética y, en algunos casos, una lesión cerebral puede generar la disfunción. Sin embargo, así como una parte de la mente no funciona de la misma manera en estas personas, “su configuración cerebral les permite tener cualidades extraordinarias como alta creatividad, memorias prodigiosas y habilidades superiores a nivel musical o científico, entre otras”, dijo a SEMANA Norm Ledgin, experto en el síndrome de Asperger y autor del best seller Asperger’s and Self-Esteem, en el que habla sobre 13 personajes célebres que tuvieron características propias de esa condición, como Thomas Jefferson, Albert Einstein y Wolfgang Amadeus Mozart.

El síndrome de Asperger es uno de los trastornos relacionados con el autismo. Quienes lo padecen ven y entienden el mundo que los rodea de otra manera y, por lo general, tienen problemas para socializar porque carecen de inteligencia emocional. Además, manejan un lenguaje corporal peculiar. Se dice que es una forma leve de autismo y en ocasiones lo han llamado el ‘síndrome geek’ debido a que parecen tener el perfil de un individuo obsesionado con la tecnología. Entre estas características está el gran interés por temas especializados, la pasión por las matemáticas, el diseño y las máquinas, la adicción al internet y la falta de habilidades sociales.

Sin embargo, este síndrome no es fácil de diagnosticar debido a que los síntomas son similares a los de trastornos como el déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). De hecho, solo fue reconocido internacionalmente a mediados de los años noventa, cuando fue incluido por primera vez en el Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales. “Algunos pueden tener problemas en actividades cotidianas como, por ejemplo, manejar un carro, pero son buenos en otras tareas más complejas. Está claro que todos tienen ciertos rasgos en común pero no pueden ser tratados de la misma forma”, señaló a SEMANA Lynne Soraya, experta en el síndrome de Asperger y bloguera del portal web de la revista Psychology Today.

La mayor ventaja de quienes sufren del síndrome de Asperger es su poder de concentración. “Aprenden en pocas semanas lo que otros tardan meses. Tienen la capacidad de interesarse en ciertos temas, meterse de lleno en ellos y volverse especialistas”, dice Soraya. Si se tiene en cuenta esta fortaleza, ninguna empresa dudaría en contratar a alguien que logre cumplir ciertas tareas en menos tiempo. “La gente suele ver a estas personas como ‘geeks’, pero no se puede generalizar. Cada caso es único y eso solo ayuda a crear un estigma social”, señaló Soraya a esta revista.

Los disléxicos, que tienen dificultad para leer y escribir, están corriendo con una suerte similar. Numerosos estudios han demostrado que estas personas tienen ventajas, especialmente en las artes y la ciencia. Según Gadi Geiger y Jerome Lettvin, miembros del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Estados Unidos, los disléxicos tienen visión periférica, es decir, “observan todo como un gran cuadro, por eso se les dificulta leer”, dijo Geiger a SEMANA. Pero precisamente de esa desventaja sacan una fortaleza, pues pueden observar mejor imágenes o figuras abstractas. Pese a tener esta dificultad, Picasso, Tom Cruise, sir Anthony Hopkins o Earvin ‘Magic’ Johnson triunfaron en sus respectivas áreas.

Se ha visto que estas habilidades también son buenas en los negocios. Julie Logan, una profesora de Administración de Empresas del Cass Business School de Londres, entrevistó a un grupo de empresarios y encontró que el 35 por ciento sufría de dislexia. Según Logan, estas personas han llegado alto en la escalera corporativa por su buena disposición para delegar tareas y porque se les facilita resolver problemas. También son perseverantes y con el tiempo desarrollan una excelente comunicación oral.

Las características del déficit de atención con hiperactividad, que por años han sido vistas como una debilidad, ahora no son un estigma. Este trastorno, presente en el 5 por ciento de la población mundial, es muy común entre personas del mundo de los negocios. Aunque su condición los hace malos empleados porque son desordenados y desconcentrados, algunos estudios señalan que son seis veces más propensos a crear sus propias empresas y liderarlas con éxito. Esto se debe a que no son buenos para recibir órdenes pero sí para ocupar altos cargos. Existen varios casos célebres como el de Steve Jobs, fundador de Apple; Richard Branson, dueño de Virgin, o David Neeleman, creador de la aerolínea JetBlue. Este último le dijo recientemente a la revista The Economist que “a pesar de que tiendo a ser desorganizado, me atraso en mis tareas y no logro concentrarme, mi condición me permite ser más creativo y tomar más riesgos”.

Estos trastornos mentales eran considerados hasta hace algunos años una rareza. Por ejemplo, se estimaba que había un caso de autismo en uno de cada 10.000 nacimientos, pero hoy se habla de 60 de la misma cantidad. Simon Baron-Cohen, experto en autismo de la Universidad de Cambridge, afirma que los casos irán en aumento porque quienes padecen este trastorno suelen casarse con otros que tienen la misma patología y formar una familia. Por esa razón, es probable que sus hijos sufran de sus mismas condiciones.

Hans Asperger, el médico alemán que descubrió el síndrome que lleva su apellido, afirmó en su momento que para tener éxito en la ciencia o las artes “una pizca de autismo es esencial. Alejarse del mundo cotidiano y repensar un tema con originalidad permite crear nuevas formas e ideas novedosas”. Por eso, lo más importante es que las empresas y la sociedad valoren a estas personas y que ellas aprendan a “maximizar sus fortalezas y minimizar sus debilidades”, concluye Soraya.

semana.com

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