Historiadores e intelectuales nacionales han escrito orgullosos de un genio dominicano cuya obra se exhibe en el Museo del Louvre y es elogiada por exigentes y reputados críticos.

Es una gloria dominicana, nacido en Samaná, admirado y reconocido en el mundo pero desconocido por la mayoría de sus compatriotas quienes, al pasar por la calle que le rinde tributo, preguntan: “¿quién era ese?”.

Los datos más recientes sobre Chasseriau los ha aportado Bernardo Vega tras varios viajes a Las Terrenas y fruto de otras investigaciones. Figuran en el catálogo de las obras de Teodoro publicado por el Centro León en junio de 2004.

“El más célebre”. Afirma Agustín Concepción que Teodoro Chasseriau “es sin lugar a dudas el más notable de los grandes dominicanos desconocidos y a la vez, el más célebre de Samaná”. Atribuye el desconocimiento a que a los dos años de nacido fue llevado a Francia por su madre y allí quedó en unión de sus hermanos.

Nació en el caserío denominado El Limón, el 20 de septiembre de 1819, hijo de Benito Chasseriau, que vino a la isla con las tropas de Leclerc, y de Marie Madeleine Couret de la Blagmiere, nacida en Samaná en 1791, hija de un acaudalado terrateniente francés. De Benito se dice que era “aventurero e inquieto”.

Entre sus pinturas más famosas se cuentan los retratos de sus padres, de sus hermanas, de Carlota Grisi y Théopile Gautier, Venus Anadionema, Tepidarium, Susana en el baño, Lacordaire (político, orador y religioso francés), Rocas en Capri, desnudos, vistas de Pompeya, caballos, La Asunción de Santa María de Egipto, El Cristo en el Jardín de los Olivos, Otelo, y muchos otros.
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