La oficina de correos de Pontianak no da abasto ante la montaña de paquetes destinados a Estados Unidos. Esta pequeña ciudad indonesia se convirtió en la capital de exportación del kratom, un arbusto al que se atribuyen múltiples beneficios.

Desde hace mucho tiempo en el sudeste asiático sus hojas se consumen en infusión o trituradas como sustituto de los opiáceos, como remedio contra la ansiedad o como droga recreativa, es decir con fines placenteros en un entorno social o cultural, aseguran sus promotores.

Las autoridades sanitarias estadounidenses están preocupadas por el aumento del consumo de esta planta en su territorio y estiman que ha causado decenas de muertos en Estados Unidos. La moda del kratom también podría agravar el consumo de sustancias de efectos similares al opio en el país, añaden.

Viendo que la demanda subía a mediados de los años 2000, los habitantes de la región de Pontianak se dedicaron a este cultivo y en unos años el país se convirtió en el principal productor de kratom del mundo.

“Alrededor del 90% de nuestros paquetes de la provincia del oeste de Kalimantan son de kratom vendido en Estados Unidos”, confirma el jefe de la oficina de correos, Zaenal Hamid, a la AFP.

Estados Unidos es el principal mercado de kratom, que también se consume en Canadá y en Europa, donde cada vez hay más incautaciones.

El oeste de Kalimantan exporta por mes unas 400 toneladas de esta sustancia verde, según datos de 2016, o sea unas ventas por un total de 130 millones de dólares anuales (114 millones de euros) al precio actual de 30 dólares el kilo (26 euros).

Según la asociación estadounidense del kratom, que representa a los usuarios, unos cinco millones de estadounidenses consumen extractos de estas hojas y la cifra no para de aumentar.

– Kratom contra caucho –

Para satisfacer la demanda, los campesinos de Kapuas Hulu, en Indonesia, abandonan el cultivo de caucho o de aceite de palma para plantar este arbusto.

Cuando un déficit de kratom en el mercado disparó los precios hasta 150 dólares el kilo en 2005/2006, los campesinos como Gusti Prab se pasaron al kratom. Él exporta diez toneladas por mes.

“El mercado del kratom fue muy bueno durante los diez últimos años y todavía tiene potencial”, afirma.

En el sudeste asiático y en Papúa Nueva Guinea, las hojas de este arbusto, de la misma familia que los cafetos, se usan desde hace siglos por su efecto analgésico y ligeramente estimulante.

En los años 2000 las exportaciones despegaron gracias al desarrollo de la medicina alternativa en Europa y en Estados Unidos.

Se vende en “coffeeshops” o por internet en forma de infusión o de cápsulas. La mayoría de los clientes se abastecen a través de plataformas como Facebook, Instagram la china Alibaba.

Indonesia, con una de las legislaciones contra las drogas más estrictas del mundo, prohíbe el consumo de kratom pero permite su cultivo, así como la exportación en forma de polvo verde. Malasia y Tailandia autorizan el cultivo pero no la exportación.

– “Prometedor” –

La popularidad de esta sustancia también preocupa a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, que la detectó en 31 países.

En Estados Unidos el kratom es legal en 43 Estados. Sus defensores estiman que es una alternativa a algunos medicamentos y que puede ayudar contra la adicción a los opiáceos.

El kratom estimula los mismos receptores del cerebro que la morfina.

“Hay un gran potencial como analgésico y contra la adicción a los opiáceos”, declaró a la AFP Michael White, jefe del departamento de farmacia en la universidad de Connecticut.

Unas propiedades “que no se han probado”, matiza.

Y “el kratom expone a los consumidores al riesgo de adicción, de abuso y de dependencia”, advierte la agencia estadounidense responsable de la regulación de medicamentos (FDA) citando varios estudios científicos.