La World Wide Web, o red informática mundial, celebra sus 30 años en marzo pero la presencia de noticias falsas y la influencia de las redes sociales han llevado a su creador, Tim Berners-Lee, a lanzar una campaña para “salvarla”.

En 1989, Berners-Lee, un joven físico que trabajaba en el centro de cálculo CERN (una organización europea de investigación nuclear), cerca de Ginebra, imaginó un “sistema de gestión descentralizada de la información”, el primer paso hacia la web actual.

Tim Berners-Lee

 

Treinta años más tarde, en el que fue su despacho, solo una placa conmemorativa y un extracto del anuario del CERN recuerda ese momento histórico.

“Tim trabajaba muchísimo, la luz siempre estaba encendida en su despacho”, explica a la AFP François Flückiger, que después de que Berners-Lee se fuera al instituto MIT, en Estados Unidos, en 1994, retomó la dirección técnica de la web en el CERN.

Tim Berners-Lee se encargaba del anuario internet del CERN pero al mismo tiempo buscaba un sistema para que los miles de científicos repartidos por el mundo pudieran compartir a distancia sus investigaciones.

“Desde el principio estaba presente la dimensión planetaria. Enseguida tuvimos las sensación que la historia se estaba escribiendo”, a pesar de que un superior dijo que se trataba de un proyecto “vago”, recuerda Flückiger.

En 1990, el belga Robert Cailliau se unió a Berners-Lee para contribuir a la promoción de su invento, basado en el lenguaje HTML (que permite crear páginas web), el protocolo de intercambio de hipertexto HTTP (que permite a los usuarios pedir y luego recibir una página web) y las direcciones URL.

A finales de 1990, Berners-Lee pone en marcha el primer servidor y navegador web del CERN.

Desde entonces esta red ha permitido “que prosperen una enorme cantidad de actividades humanas”, dice con entusiasmo Ian Milligan, un profesor especializado en el estudio de los archivos de la web de la universidad de Waterloo, en Canadá.

– “Un monstruo descontrolado” –

Flückiger, hoy retirado, considera que la web es una de las tres grandes invenciones del siglo XX que configuran la sociedad digital, junto a la tecnología IP y los algoritmos de búsqueda de Google.

Pero con “el acoso digital, las ‘fake news’, la histerización de las masas (…) uno se pregunta si finalmente no hemos creado un monstruo descontrolado”, afirma, lamentado la exhibición de la vida privada en la red y el predominio de las “creencias” frente a los “conocimientos”.

Según Niels Brügger, director del Centro de Estudios sobre Internet en Dinamarca, es normal que “una vez que una tecnología se pone a disposición de los usuarios empiecen a modificarla y desarrollarla para responder a nuevas necesidades”.

En enero, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió en el Foro Económico Mundial de Davos una regulación de la web y lamentó que algunos países la utilicen para violar los derechos humanos.

El propio Tim Berners-Lee ha puesto en marcha una campaña para “salvar la web” y pide la creación en 2019 de un “Contrato para la Web” basado en un acceso para todo el mundo y respetando la vida privada.

“La Web ha sido corrompida por los estafadores y los trolls”, escribió Berners-Lee en un artículo en el New York Times el 6 de diciembre.

En 1993, el CERN puso el programa de la web a disposición pública lo que permitió a todo el mundo usarlo libremente.

Un año más tarde, Flückiger decidió sin embargo lanzar una nueva versión del programa, en “open source”. Así el CERN conservaba los derechos de autor pero daba a cada uno el derecho de utilizarlo y modificarlo libremente y sin costes.