¿Por qué los huevos en las tiendas están almacenados a temperatura ambiente y luego nada más comprarlos corremos a meterlos en la nevera? Una de esas dudas existenciales que cada año vuelve puntual a su cita cuando empieza el calor y la conservación de los alimentos se convierte en un tema crucial para evitar sustos.

Y es que, con la salmonella acechando -pocas cosas hay más segura que las crisis alimentarias por salmonella cada verano- merece la pena recordar por qué es mejor guardar los huevos en frío y, en todo caso, cuánto pueden aguantar fuera de la nevera.

En realidad la conservación de los huevos no es tanto un tema de frío o calor sino más bien de estabilidad de temperatura. Vaya, que los cambios bruscos no les sientan nada bien y, precisamente por eso, en el supermercado se mantienen sin problema no refrigerados pero en casa lo suyo es meterlos en la nevera donde se supone que nos aseguramos una temperatura constante y sin las típicas variaciones que puede haber en una cocina.

La conservación de los huevos no es tanto un tema de frío o calor sino más bien de estabilidad de temperatura
La razón es muy sencilla, según nos explica Beatriz Robles, dietista-nutricionista y experta en seguridad alimentaria. El cambio de temperatura de frío a calor -es decir, pasar de un alimento en nevera al exterior- provoca la condensación de agua en su superficie. En este caso, sobre la cáscara del huevo.

Cuatro semanas

Y es ahí donde pueden empezar los problemas, porque esa humedad sobre la superficie aumenta la porosidad de la cáscara del huevo y deja pasar a los microorganismos del exterior. Una vez dentro, encuentran el caldo de cultivo perfecto para reproducirse, sobre todo si están a temperatura ambiente.