El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, prometió la noche del martes que no permitirá que los partidos de izquierda y derecha tradicionales, que dejaron el poder tras tres décadas de alternancia, vuelvan a gobernar el país.

“Juramos defender lo conquistado, luchar pacíficamente contra todo enemigo, contra todo obstáculo, contra toda barrera, juramos defender nuestras futuras conquistas, no dejar que los que nos hicieron sufrir vuelvan al poder jamás”, dijo el gobernante, en un discurso ante el Congreso, dominado por sus aliados, al cumplir dos años en el poder.

En su discurso, Bukele criticó a los anteriores cuatro gobiernos que encabezó la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), entre 1989 y 2009, y los dos gobiernos de la exguerrilla izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), entre 2009 y 2019.

Los acusó de saquear al país y de “favorecer a la oligarquía” y, mientras hablaba, apuntó al “rincón”, según dijo, en que se ubican las curules de los diputados de la izquierda y la derecha, minoría desde el 1 de mayo, en el Salón Azul del Congreso.

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Los poco más de 30 minutos de su discurso, el gobernante los dedicó a criticar a sus opositores y a garantizar que “no va a permitir” retrocesos que hundan al país en la delincuencia y en la pobreza. No hubo anuncios de medidas para sus próximos tres años de gobierno. Bukele fue elegido para el período 2019-2024.

El mandatario defendió en su discurso como un “pedido del pueblo” lo hecho por la recién instalada Asamblea Legislativa que, dominada por el oficialismo, destituyó el 1 de mayo a un grupo de magistrados y al fiscal general, provocando una condena internacional y de sectores de la oposición, que denunciaron un atropello a la separación de poderes.

“Estamos haciendo los cambios que el pueblo salvadoreño nos pidió, pero sí queremos dejar el legado que nuestro país necesita, es necesario que todos los defendamos”, remarcó el presidente.

Pese a que el martes se registraron algunas manifestaciones contrarias a su gestión, Bukele llegó a su segundo año con elevados índices de popularidad pero distanciado de la comunidad internacional, que lo cuestiona por tratar de concentrar el poder con la ayuda del Congreso.

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El gobernante ha capitalizado el descontento popular respecto de los partidos tradicionales y, pese a que la ley vigente no permite la reelección presidencial, un reciente sondeo del Centro de Investigaciones de Estudios Sociales (CIESCA) muestra que el 95% de los ciudadanos están a favor de que postule nuevamente.