“Aquí faltan catéteres, oxígeno, manómetros, personal de enfermería para cirugía y faltan hasta recetarios”. “Los aires acondicionados están dañados, el ascensor está fuera de servicio, y los sanitarios de las habitaciones donde se internan los pacientes, no tienen agua para descargar sus necesidades”.

“Esta situación llegó al límite, hay veces que se necesita una crisis para que las autoridades puedan reaccionar”. Dr. José Gabriel González, encargado de medicina interna del hospital Salvador B. Gautier. Debe haber muchos descuidos e irresponsabilidades, para que se acumulen tantos problemas en un servicio tan vital y en un hospital tan importante.



Mientras tanto, se acentúa la brecha entre los servicios públicos y privados. En Santiago, la Unión Médica del Norte inauguró dos nuevas torres con 92 habitaciones muy confortables, 82 modernos consultorios y 5 quirófanos. Según se informó, estas torres disponen de espacios y ambientes “basados en las mejores prácticas de la medicina mundial”.

La situación del Gautier es sumamente vergonzosa, e inexplicable. Las autoridades sanitarias han tenido el tiempo suficiente para haber corregido fallas tan notorias en el hospital que durante décadas fue el buque insignia del IDSS, y ahora del Servicio Nacional de Salud (SNS).



La situación ha llegado a un estado tal, que en dos ocasiones su director ha renunciado, y al personal no le ha quedado otro recurso que dramatizar la situación mediante la acostumbrada huelga médica en demanda de la solución de estos problemas. Y vuelven las autoridades a prometer paliativos, a hacer lo mismo, sin tocar los problemas de fondo.

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Estoy completamente seguro que cualquier lector con 50 años o más, recuerda que esta lamentable situación se ha repetido en unas 10 ocasiones en los principales hospitales. Y nos preguntamos, ¿si esto está ocurriendo en uno de los hospitales más importantes, lleno de especialistas de renombre, que no estará pasando en el resto del país?

Más recursos, pero asignados en función de las metas alcanzadas

¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Dónde está el cambio? ¿Qué se está haciendo para mejorar los servicios y lograr el nivel de satisfacción prometido durante la campaña? El propio presidente Luis Abinader me explicó, con lujo de detalles y de memoria, la gran inversión que se está realizando en la mayoría de los hospitales del país.

Al gobierno no se le puede regatear que, aún dentro de las calamidades y circunstancias que le ha tocado gobernar, ha aumentado el gasto público en salud. Pero la experiencia de las anteriores administraciones demostró que ese avance no resulta suficiente para asegurar oportunidad, calidad y satisfacción de la gente.

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Con todo respeto, aprovechando su apertura y amabilidad, le señalé que la discontinuidad y la baja calidad de los servicios se explican por el pago de salarios independientes de la dedicación y del desempeño, por la centralización de los recursos y la falta de autonomía de gestión, y por la ausencia de mantenimiento y suministro regular y oportuno.

Aquí vale la pena citar a Albert Einstein cuando dijo que “no es lógico esperar resultados diferentes, haciendo más de lo mismo”. El gran reto, la verdadera calidad del cambio en los servicios públicos consiste en aumentar el presupuesto, pero asegurando, al mismo tiempo, que los nuevos recursos sean asignados en función del logro de los objetivos y las metas prometidas.

La calamitosa situación del emblemático Hospital Gautier, tan recurrente que ya nadie se sorprende, constituye una clara señal de que la práctica gubernamental no conduce al cambio, ni responde a las aspiraciones populares. La Fundación Seguridad Social para todos (FSSPT) insiste, y continuará insistiendo, en que estamos en la mejor coyuntura para ejecutar los cambios y las reformas establecidas en la Ley 87-01.