El crecimiento de las plataformas de alquiler de corta duración continúa transformando el mercado del alojamiento en la República Dominicana, especialmente en Santo Domingo, donde las propiedades destinadas a rentas cortas ya superan la cantidad de habitaciones disponibles en hoteles tradicionales.
La información fue revelada por Juan Bancalari, presidente de la Asociación de Hoteles de Santo Domingo, durante una entrevista en el programa Hoy Mismo, colocando nuevamente sobre la mesa el debate sobre el acelerado crecimiento de plataformas como Airbnb y la necesidad de establecer reglas claras para este mercado.
Airbnb gana terreno en Santo Domingo
Durante los últimos años, los apartamentos y viviendas ofrecidos para estadías de pocos días se han convertido en una alternativa cada vez más utilizada por turistas extranjeros, dominicanos residentes en el exterior, viajeros de negocios e incluso personas que se desplazan desde otras provincias hacia la capital.
El fenómeno ha sido particularmente visible con la construcción de numerosas torres de apartamentos en diferentes sectores del Distrito Nacional, donde una parte importante de las unidades inmobiliarias termina destinada a alquileres de corta duración.
Ahora, según lo planteado por Bancalari, esta modalidad de hospedaje alcanzó un punto significativo: su oferta ya supera la cantidad de habitaciones de los hoteles convencionales de Santo Domingo.
El debate sobre la regulación vuelve a escena
El crecimiento de Airbnb y otras plataformas también reactiva una discusión que lleva tiempo desarrollándose en República Dominicana: ¿qué pasó con la regulación de las rentas cortas?
El sector hotelero insiste en que no pretende eliminar ni prohibir este modelo de negocio. Por el contrario, reconoce que las rentas de corta duración forman parte de la nueva realidad turística y comercial del país.
Sin embargo, Bancalari considera necesario establecer reglas que permitan organizar el mercado y garantizar condiciones similares para quienes participan en la industria del alojamiento.
Seguridad, calidad, salud e impuestos
El dirigente empresarial explicó que una eventual regulación debería concentrarse principalmente en aspectos relacionados con seguridad, calidad, salud, fiscalidad y competitividad.
“Nosotros no nos oponemos a que exista esta realidad”, sostuvo Bancalari, dejando claro que la preocupación del sector hotelero no estaría dirigida contra la existencia de Airbnb, sino hacia las condiciones bajo las cuales operan las propiedades destinadas a rentas cortas.
Uno de los puntos que tradicionalmente genera mayor discusión es el aspecto fiscal. Los hoteles están sometidos a diferentes obligaciones tributarias, permisos, estándares y regulaciones, mientras que una parte de los propietarios particulares puede colocar sus apartamentos en plataformas digitales y operar bajo condiciones diferentes.
Una realidad que ya cambió el negocio del alojamiento
Más allá del debate regulatorio, el dato refleja una transformación importante del mercado inmobiliario y turístico de Santo Domingo. Airbnb dejó de ser simplemente una alternativa ocasional frente a los hoteles para convertirse en uno de los principales actores del alojamiento en la ciudad.
El crecimiento también abre oportunidades para propietarios e inversionistas que han encontrado en las rentas cortas una forma de generar ingresos con sus apartamentos, pero al mismo tiempo plantea nuevos desafíos para las autoridades, los condominios, el sector hotelero y las propias comunidades donde funcionan estas propiedades.
Con una oferta que ya supera las habitaciones hoteleras tradicionales en Santo Domingo, la discusión sobre cómo regular las rentas cortas vuelve a cobrar fuerza y deja una pregunta pendiente: si este mercado continuará creciendo al ritmo actual, ¿hasta cuándo podrá República Dominicana mantenerlo funcionando sin un marco regulatorio claramente definido?
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