KIEV. Una investigación documental de la cadena alemana Deutsche Welle (DW) expuso la captación y despliegue en la primera línea de combate de ciudadanos extranjeros, procedentes de naciones como Kenia e India, quienes son incorporados a las filas del ejército ruso en Ucrania mediante ofertas laborales fraudulentas, visados de estudios o presiones económicas ejercidas por redes de intermediarios.
De acuerdo con el informe periodístico, los servicios de inteligencia de Kenia estiman que alrededor de un millar de sus connacionales han ingresado a las fuerzas armadas rusas. El esquema de reclutamiento opera en gran medida a través de grupos de mensajería instantánea y redes sociales, donde intermediarios ofrecen supuestos empleos civiles o de seguridad privada con promesas de compensaciones iniciales de hasta 10,500 euros y sueldos mensuales cercanos a los 1,840 euros. A cambio, los intermediarios retienen comisiones de hasta 4,300 euros directamente de las cuentas bancarias de los reclutas, dejándolos endeudados desde su llegada.
El trabajo documenta que numerosos jóvenes vulnerables por la falta de empleo y recursos en barrios marginales de Nairobi, así como estudiantes y turistas de la India, terminaron en el frente tras haber viajado inicialmente con visados estudiantiles de idiomas o permisos temporales. Testimonios de sobrevivientes indios que lograron ser repatriados tras gestiones diplomáticas de Nueva Delhi revelaron que, una vez en suelo ruso, fueron coaccionados para firmar contratos militares bajo amenaza de encarcelamiento o exigencias de cancelar sumas de dinero imposibles de saldar.
En el teatro de operaciones, los reclutas reciben apenas una semana de instrucción militar básica antes de ser asignados a sectores de alta intensidad bélica como Bajmut, Pokrovsk y el distrito de Kupiansk. Los combatientes extranjeros son enviados habitualmente a misiones de asalto en motocicletas ligeras o labores de recogida de cuerpos bajo el fuego constante de drones y artillería, frecuentemente sin equipamiento de protección balística adecuado ni dominio del idioma ruso.
Asimismo, la investigación recopiló denuncias de abusos sistemáticos por parte de mandos en el terreno, quienes imponen castigos físicos, privación de alimentos e incluso disparos sumarios contra aquellos que intentan desertar o negarse a avanzar hacia las posiciones defensivas ucranianas. Documentos recuperados de combatientes abatidos confirman casos de hombres que perdieron la vida apenas semanas o meses después de firmar sus contratos, sin que sus familias recibieran las compensaciones ofrecidas ni la confirmación oficial oportuna de sus decesos.
En respuesta a estas redes, organismos policiales de la India abrieron causas penales por el delito de trata de personas contra creadores de contenido digital y agencias facilitadoras, al tiempo que las fuerzas de seguridad de Kenia han intervenido en el desmantelamiento de grupos dedicados al envío de reclutas hacia el conflicto.
Por su parte, testimonios recogidos en centros de detención de prisioneros de guerra bajo control ucraniano señalan que los combatientes foráneos capturados, incluidos ciudadanos de países africanos, caribeños y de Asia Central, experimentan un estancamiento en sus procesos de liberación, denunciando que las autoridades de Moscú priorizan el intercambio de militares rusos nativos. Consultado sobre estos procedimientos de reclutamiento internacional, el Gobierno ruso se limitó a señalar que no dispone de informaciones sobre el tema.



