La ola de saqueos y actos vandálicos que afectó a unos 3,000 negocios en Francia durante el último fin de semana provocó una inmediata reacción de aversión al riesgo en los mercados financieros europeos. Esta situación empujó el rendimiento de los bonos soberanos franceses a niveles cercanos al 5 % (máximos no observados desde 2008) y situó su prima de riesgo frente al bono alemán en cotas comparables a la crisis del euro de 2011, según reportó la cadena internacional Deutsche Welle (DW).
El impacto económico de los disturbios obligó al Ejecutivo galo a convocar de urgencia a representantes del comercio, la banca y el sector asegurador para cuantificar los daños. Las autoridades anunciaron la puesta en marcha de un régimen especial de desempleo para trabajadores que no puedan acudir a sus puestos por los cierres forzados, así como un fondo de compensación por pérdidas de facturación.
Estas partidas de gasto extraordinario llegan en un momento de marcada fragilidad para las cuentas públicas francesas. El Ministerio de Hacienda advirtió recientemente que el servicio de la deuda ya absorbe la totalidad de lo recaudado por el impuesto sobre la renta, alertando sobre el riesgo de una espiral fiscal semejante a la vivida por economías de la periferia europea en la década pasada. En el Parlamento, la tramitación de los presupuestos para 2027, que contemplan un ajuste de 54,000 millones de euros y sitúan el déficit fiscal proyectado en un 5 % (muy por encima de las normas comunitarias), se enfrenta a un escenario de bloqueo a apenas seis meses de los comicios presidenciales.


