Cesária Évora, la “diva de los pies descalzos” de Cabo Verde

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La cantante caboverdiana Cesária Évora, muerta el sábado a los 70 años de edad, conoció tardíamente el éxito pero se convirtió en una artista de fama mundial, y nunca dudó en subirse al escenario sin zapatos, para convertirse en la “diva de los pies descalzos”.

Con la salud sumamente fragilizada desde hace varios meses, había anunciado la salida definitiva de los escenarios en septiembre, y poco después fue hospitalizada en su isla natal de San Vicente, en el norte del archipiélago de Cabo Verde.

La mujer a quien los caboverdianos llamaban cariñosamente “Cise” había celebrado su cumpleaños número 70 el 27 de agosto en Mindelo, su ciudad natal y considerada la “capital cultural” de Cabo Verde.

Évora era hija de un músico y de una cocinera. Su padre tocaba la guitarra y el violín pero falleció cuando la joven tenía apenas siete años de edad. La joven quedó entonces bajo responsabilidad de su abuela, y fue criada y educada por monjas en un orfanato.

Comenzó a cantar a los 16 años en bares y fiestas y así comienza a construir una pequeña fama local con sus canciones tristes sobre el amor, la pobreza y el mar, en especial bajo la forma musical más tradicional de Cabo Verde, la “morna”.

Sin mayores aspiraciones, Évora pasó diez largos años sumergida en la soledad y en una lucha constante con el alcohol, hasta que en 1985 recibió una llamada telefónica que cambió su vida.

Era el músico caboverdiano José da Silva, quien le proponía hacer unos conciertos en Portugal. Da Silva se convertiría en el mentor de la carrera internacional de Évora y también su productor.

Ya próxima de los 50 años de edad, la vida de Évora cambió de rumbo, y siempre en la compañía de da Silva inicia unas visitas a París. En 1988 lanzó su primer disco, “A Diva dos Pés Descalços” (La diva de los pies descalzos), un nombre que le quedará para siempre.

En 1991 lanzó el disco “Mar Azul” y al año siguiente la obra que la catapultaría a la fama mundial, “Miss Perfumado”, que presentó en dos conciertos verdaderamente triunfales en París.

La cantante se lanzó entonces a recuperar el tiempo perdido, con giras mundiales abarcando tanto Estados Unidos como Suecia, Japón o Senegal.

En cada concierto, Évora subía al escenario con los pies descalzos, y habitualmente se permitía una pequeña pausa entre canción y canción para disfrutar de un trago de cognac o un cigarrillo.

La obra discográfica de Évora continuó con “Cabo Verde”, de 1997, y “Sao Vicente di longe”, de 2001, entre otros éxitos. En 2002 grabó un famoso disco con Salif Keita, y en 2004 lanzó “Voz d’amor”, uno de sus discos más premiados.

En marzo de 2008 Évora recibió la Encomienda de la Legión de Honor de Francia, pero meses más tarde sufrió un accidente vascular cerebral y tuvo que conformarse con reducir su ritmo de trabajo y viajes. A pesar de ello, en 2009 lanzó un nuevo disco “Nha Sentimento”.

Con la salud deteriorada, en mayo de 2010 sufrió una operación a corazón abierto que duró seis horas. Al recuperarse, dijo que quería volver a los escenarios, que según dijo eran sin “droga”.

En el primer semestre de 2011 realizó otra triunfal serie conciertos en París, pero en septiembre, después de varios problemas de corazón, anunció que había llegado el momento de parar.

“La vida sigue. Hice lo mejor que podía, tuve una carrera que muchos querrían tener”, dijo en la entrevista de despedida, que concedió al diario francés Le Monde.

AFP

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