Opinión de Miguel Oneil

No podemos postergarlo más, se hace necesario que nos sentemos a hablar de la televisión dominicana.

No se trata de algo nuevo, por décadas el rol de los medios de comunicación y la degradación de estos en nuestro país han sido tema de debate. Tenemos años criticando esa carrera lasciva del “todo vale” con tal de generar niveles competitivos de rating.

Recientemente el país estuvo a punto de ser testigo del controversial debut de un emergente medio digital, el cual contaría con la participación del reconocido presentador Jochy Santos. En el promocional se distingue el animador siendo entrevistado en medio de un espectáculo denigrante protagonizado por una despampanante hembra que nos invita a reflexionar sobre el rol de la mujer en la televisión dominicana. No vimos la entrevista completa pues en un acuerdo entre la producción y Santos decidieron suspender la emisión. Decisión que aplaudo.

Bien hizo Jochy al acordar la suspensión de la emisión, dicha intervención resultaría hasta chocante para el pueblo que por años le favorece con su predilección como animador de un programa semanal, dirigido hacia toda la familia dominicana. En cuanto al presentador, Ovandy Camilo, atino a decir lo siguiente: no nos las daremos de santos y beatos al criticarle, pero si su deseo era mostrar el voluptuoso culo de su modelo; evidenciado por su insistencia hacia la camarógrafa que, a lo mejor por también por ser mujer, se negaba inicialmente a ”casi”entrarle el celular en la vagina a la joven, nada tendría de malo solicitar a INDOTEL una frecuencia para inaugurar el primer canal porno dominicano, hasta sería pionero en el país. Eso es preferible que minemos de pornografía los medios locales.

Aunque la emisión no fue realizada, este cuasidebut debe llamarnos a la reflexión. Antes por lo menos se respetaba el espectador con la clasificación de contenidos; A, B, C según las edades, o la organización de la parrilla en horarios según el público al que estos iban dirigidos. Eso es cosa del pasado, hoy la supuesta democracia informativa no admite filtros en la emisión, a cualquier hora se ve cualquier cosa.

Así, no es raro encontrarte con novelas con dosis masivas de violencia al medio día o canciones que explícitamente denigran a la mujer en las emisoras locales mientras llevas a tus hijas a la escuela, hemos normalizado el morbo y la promiscuidad, y lo que es peor: si ni el reloj ni la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos, si es que todavía eso existe, trazan los límites de los medios tradicionales, ¿quién puede hacer algo con el contenido en internet?.

Ante la actitud de los reguladores estatales de mirar a otro lado, las familias que tratan de educar sus hijos y nietos en valores se están quedando sin alternativas, quedará seguir criticando hasta que puedan adecentar los medios, o tomar la drástica decisión de apagar la televisión a ciertas horas como se hacía antes, o en este caso privar a los muchachos de usar el internet.