Editorial: Cuando no eres un general


Previo a los efectos del Huracán María en la República Dominicana, en mi casa a eso de las 2:20 de la mañana  fui sorprendido por dos delincuentes que penetraron por una ventana, allí estaba junto con mi esposa en la cama.

Los jóvenes, ambos que no llegaban a los 25 años, utilizaron puñales y nos levantaron ya con ellos en nuestros costados, no hubo otra opción que evitar la confrontación para que no corriera la sangre, además mi hijo de 3 años estaba en su habitación.

Llegaron hasta nuestra intimidad encapuchados, recogiendo joyas, celulares, cámaras, alcancías, relojes, dinero en efectivo, cargando incluso hasta con ropa que estaba sucia.

Lo peor no fue que se llevaran las cosas materiales, sino la tortura mental a la que fuimos sometidos mi esposa y yo durante una hora en las que nos decían toda clase de malas palabras, pidiéndonos que nos mantuviéramos en silencio, boca abajo en la cama e indicándoles donde se encontraban otros artículos, ellos con sus puñales intentaron atacarnos varias veces, fue en ese momento cuando mi compañera sentimental se puso a orar y esto bajó un poco la guardia. Mi mayor temor como hombre era que mi hijo se levantara en ese instante, porque mi esposa estaba al borde de una crisis de nerviosa.

Nunca pensé que en un cuarto piso tendría que poner hierros, un día me lo recomendaron pero dije que era bastante complicado que eso se diera, pero sucede, estamos viviendo un clima de inseguridad plena, donde todos somos vulnerables a la delincuencia.

No quería tratar este tema, pero parece una táctica de la Policía Nacional para no crear un estallido social, recomendar el “Silencio” para no entorpecer las investigaciones, con eso no buscan otra cosa que hacer creer que tienen todo bajo control cuando no es así.   Mi casa fue visitada en menos de 24 horas por casi una decena de policías, tomando huellas, revisando el perímetro y realizando entrevistas a las que no llegan a una conclusión.  Como no soy un general como al que le amordazaron su familia y le robaron sus armas, en mi caso como el de miles de dominicanos que a diario son asaltados, caerá en el limbo, pasando a la historia como otro más del que nos olvidamos a una velocidad espantosa.

Triste que al contar lo sucedido a algunos colegas de la prensa, ellos han pasado por lo mismo y han optado por guardar silencio bajo las mismas recomendaciones que a mí me dieron, bajo ninguna circunstancia quiero dar un matiz político a la situación, pero no es posible que teniendo las mismas autoridades desde el año 2004, no hayan buscado una solución real al flagelo de la delincuencia, lo peor es que no les importa, soy de los que pienso que quienes no pueden brindar seguridad a los ciudadanos serios que cumplen con sus impuestos, no merecen gobernar un país, así de simple.

Mientras tanto, para que no los agarren asando batatas como me pasó les exhorto a que refuercen su seguridad, pongan hierros, alarma y si tienen armas de fuego acomódenlas en un lugar donde no esté al alcance de los niños, pero que cuando pase algo así y los ladrones se marchen o pretendan entrar, usted le de plomo.

Por eso, a Dios que me perdone, pero qué bueno cuando caen abatidos, porque quien entra a una casa a robar es capaz de cualquier cosa.

Abajo les dejo el video, aunque no es de buena calidad, sirve para que más o menos vean el aspecto de los que me robaron la tranquilidad.

A mis amigos cuando lean esto les pediré que por favor no me pregunten más sobre el caso, agoté todos los procesos, fui al Dicat, donde el vocero de la Policía, e incluso otros oficiales al menos hicieron el simulacro de que querían investigar algo, pero del robo no se sabe nada.

Dios en todo momento tuvo el control, afortunadamente nadie salió físicamente lastimado, aunque toma tiempo volver retomar el sueño como antes.