A César Medina y Alvarito Arvelo


César Medina, Alvarito Arvelo

Si sus voces, en vez de plegarse al poder y sus desvaríos, hubiesen estado del lado de las grandes mayorías aplastadas por esta partidocracia inepta y sin escrúpulos, hoy no tuviesemos esta democracia amorfa incapaz ni siquiera de satisfacer los requerimientos ciudadanos de servicios hospitalarios públicos eficientes. Prefirieron los lujos y las lujurias del Poder político, en vez de catapultarse en la historia comunicacional de la República Dominicana como grandes defensores de la libertad, la democracia y el desarrollo de nuestro pueblo.

Empeñar el privilegio del micrófono al de la plata y del poder, en vez de enfrentarlo y contener sus desbordes, resulta altamente asqueante y repudiable. Pedirle al pueblo que rezen por quién desde el privilegio del micrófono nunca expresó el mas mínimo gesto de conmiseración hacia uno de los dominicanos que hoy ven plegada sus vidas al filo hilo de un costoso tratamiento médico o a la operación urgente de un quebranto de salud, es como esperar ver crecer un frondoso árbol en medio de un pedregoso desierto.

Hoy ambos, tanto Cesar Medina como Alvarito Arvelo, padecen los quebrantos de una mortal enfermedad que por mas dinero que hayan acumulado como producto de sus desdeñables alianzas con el funcionarato público, no podán impedir que en corto tiempo, salvo un fortuito milagro de Dios, sus vidas se apaguen como la llama de la lámpara que en las tinieblas de la soledad se ahoga tras su último sorbo.

Esa es la vida, un pequeña flama que hasta con la ligeresa de una brisa pálida se apaga. Esta en nosotros si quemar con la flama o iluminar los recónditos rincones de nuestros propios mundos.

Cesar Medina y Alvarito Arvelo, a pesar de la incertidumbre de sus vidas, están a tiempo de iluminar con sus apaciguadas llamas una apagada sociedad dominicana que de pronto no encuentra luz.

Leonardo Jaquez 
Santo Domingo, Ciudad Primada de América
14.10-2007