Washington, Estados Unidos. Tras el testimonio demoledor de la madre, comenzó el jueves una batalla entre médicos en el juicio de la niñera dominicana que en 2012 mató a dos pequeños a su cargo en un barrio rico de Manhattan.

Las dos primeras semanas del juicio expusieron el horror de la tragedia ocurrida ese 25 de octubre de 2012, cuando Leo y Lucia Krim, de dos y seis años, fueron asesinados a puñaladas en el baño del apartamento familiar en el Upper West Side.

Yoselyn Ortega junto a Leo y Lucía.

Y reveló una tensión silenciosa entre la madre, Marina Krim, una maestra que no trabajaba y estaba en una situación financiera muy cómoda, y la niñera, Yoselyn Ortega, una inmigrante dominicana que atravesaba una difícil situación personal y económica.

La defensa no niega que Ortega haya matado a Leo y Lucia. La autopsia muestra que la niña luchó contra su atacante y recibió más de 30 puñaladas.

Pero los abogados de la niñera intentan demostrar que ésta, de 50 años en el momento de los hechos, padecía problemas mentales y tuvo un ataque de locura.

Si llegan a convencer al jurado de que Ortega era incapaz de distinguir entre el bien y el mal, será considerada no culpable y pasará el resto de sus días en un hospital psiquiátrico. De lo contrario, será condenada a cadena perpetua en prisión.

El jueves, la abogada de la defensa, Valerie Van Leer-Greenberg, llamó al banco de testigos a un cirujano, el primero de una serie de doctores y psiquiatras que hablarán de las perturbaciones mentales de la acusada.

Durante cuatro horas, el doctor Philip Barie explicó las heridas que Ortega se provocó a sí misma tras apuñalar a los niños: además de una lesión en el cuello, se fracturó vértebras cervicales, al parecer al desmayarse.

Estas fracturas requirieron dos grandes operaciones y al menos 10 días de sedación con respirador artificial.

Barie explicó asimismo que al salir de ese estado comatoso, unos días después del drama, Ortega exhibió señales de “paranoia”. Fue vista entonces por un psiquiatra que diagnosticó que sufría de “delirio” y recomendó un tratamiento.

La defensa parecía así querer restar toda credibilidad a las declaraciones que Ortega hizo a policías en el hospital días tras la tragedia. A uno de ellos dijo “lamento lo que hice”.

No está previsto por ahora que Ortega atestigüe en su propio juicio, que puede aún extenderse por varias semanas.

Desde la apertura, el 1 de marzo, la acusada ha permanecido en silencio y sin dar muestras de emoción, incluso cuando la madre, visiblemente perturbada, la acusó de encarnar “el mal en estado puro”.