Científicos resucitan microbios antediluvianos

París, Francia. Científicos lograron despertar microbios de 100 millones de años, que se encontraban bajo el océano, en un lugar sin embargo poco propicio a la vida, según un estudio.

Estos resultados, publicados en la revista Nature Communications, revelan las asombrosas capacidades de una de las formas de vida más primitivas aparecidas en la Tierra, que puede sobrevivir durante decenas de millones de años casi sin oxígeno ni nutrientes, y renacer en un laboratorio.

Hace diez años, una expedición científica se dispuso a excavar las profundidades del océano Pacífico y tomó muestras de antiguos sedimentos enterrados a 100 metros bajo el suelo oceánico (cerca de 6.000 metros bajo la superficie del agua), algunos de ellos desde hace más de 100 millones de años.

El equipo de investigación, dirigido por la agencia japonesa de ciencias y tecnologías submarinas, escogió el giro subtropical del Pacífico sur, la zona menos activa de todo el océano, pues carece de nutrimentos, y por lo tanto muy poco propicia a la vida.

Los investigadores pusieron las muestras en incubación, para ayudar a los microbios a “salir” de su letargo.

Para su sorpresa, descubrieron que, lejos de haber estado fosilizados en los sedimentos, los microbios habían sobrevivido allí, y eran incluso capaces de crecer y multiplicarse.

“Al principio, era escéptico, pero resultó que un 99,1% de los microbios de los sedimentos de 101,5 millones de años seguían vivos, y ¡dispuestos a comer!”, comentó Yuki Morono, el autor principal del estudio.

“Ahora sabemos que no hay límite de edad para los organismos en la biosfera submarina”, explicó a la AFP. “Es un excelente lugar para explorar los límites de la vida en la Tierra”, añade en un comunicado.

Los restos de oxígeno en los sedimientos habrían permitido a estos microbios mantenerse con vida durante miles de años sin casi gastar energía. Los microbios “de superficie”, por su parte, no podrían sobrevivir en tales condiciones.

Estudios precedentes mostraron cómo las bacterias podían vivir en los lugares más inhóspitos del planeta, incluso sin oxígeno.