Ríos secos, cultivos amenazados, agua racionada… El norte de Italia vive una verdadera emergencia climática y encara una sequía histórica debido a la falta de lluvias, pero también al envejecimiento de las infraestructuras y a la poca inversión.

«Nunca había visto una sequía tan prolongada. La situación es dramática. Si el problema del agua persiste, se pierde el 100% de la cosecha», sostiene Gianluigi Tacchini, productor de arroz en la ciudad de Santa Cristina e Bissone, a unos cuarenta kilómetros al sur de Milán.



A inicios del año notó un aumento de la sequía porque «no había nieve en las montañas y faltaba agua en los lagos», por lo que redujo de un 50% los cultivos de arroz y aumentó los de girasol, menos dependientes del riego.



Obligado a tomar decisiones, sacrificó un campo de maíz. Los suministros de agua proveniente del lago de Como «fueron reducidos de un 75% y podrían detenerse por completo si el nivel del agua desciende aún más», advirtió Tacchini en una charla con la AFP.

La producción de arroz, que necesita mucha agua, podría ser  reducida de un 30% este año, según cálculos del gremio de productores Coldiretti.

En el delta del Po, el mayor río de Italia, entre Venecia y San Marino (este), el nivel del agua es tan bajo que las aguas saladas del mar Adriático han subido hasta 30 kilómetros tierra adentro, un récord histórico.

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En algunos lugares, el Observatorio del Po calculó que el agua llegó a siete metros por debajo del nivel habitual.

– Estado de emergencia –

Desde mayo, la península italiana se enfrenta a una ola de calor excepcional acompañada de escasez de lluvias, sobre todo en las extensas llanuras del Po, golpeadas por su peor sequía en 70 años.

El gobierno declaró el lunes el estado de emergencia en cinco regiones (Emilia-Romaña, Friuli-Venezia Giulia, Lombardía, Véneto y Piamonte), cuatro de ellas bañadas por el Po, y creó un fondo extraordinario de 36,5 millones euros (más de 37 millones de dólares) para hacer frente a la sequía.

Ante el grave fenómeno, varios municipios han anunciado medidas. Verona, con un cuarto de millón de habitantes, racionó el uso del agua potable, mientras que Milán decidió cerrar todas las fuentes públicas.

Según Coldiretti, la sequía amenaza el 30% de la producción agrícola nacional y la mitad de la del Valle del Po, entre las más importantes para la la economía italiana, por los cultivos de de trigo y maíz, el procesamiento de la remolacha azucarera, la cría intensiva de ganado y cerdos para la producción entre otras del jamón de Parma.

«De enero a mayo cayó el 44% menos de las precipitaciones habituales, algo sin precedentes desde finales de la década de 1950», subraya Francesco Cioffi, profesor asociado del departamento de hidrología de la universidad La Sapienza de Roma.

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«La ausencia de una gestión eficaz de los recursos hídricos en los últimos años ha empeorado la situación», explicó a la AFP, tras pedir «un plan extraordinario de modernización del sistema hídrico y de previsión».

– Despilfarro de agua –

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística Istat, divulgados en 2020, el 36% de las reservas de agua de Italia se pierden debido al mal estado de las tuberías y del sistema de almacenamiento.

Esa cifra se eleva a más del 70% en la ciudad de Chieti, la capital de Abruzzo, sobre la costa adriática.

Para Cioffi es necesario modernizar las redes y mejorar la gestión interna de manera de reducir tanto despilfarro.

«Era necesario invertir más y mejor para que el territorio fuera menos vulnerable», asegura.

Entre las medidas que defiende figura la introducción de técnicas de riego más eficientes, el reciclaje del agua utilizada en la industria, la separación del agua potable del agua destinada a otros usos y la recuperación de las aguas lluvias en los edificios privados.

La sequía además ha reducido drásticamente la producción de energía hidroeléctrica, ya que las instalaciones se encuentran en los macizos montañosos del norte de Italia, donde producen cerca del 20% de la energía del país.