Una palabra que durante décadas ha formado parte del vocabulario cotidiano de los dominicanos ha colocado nuevamente a Pollos Victorina en el centro de la conversación. Se trata de «Pechurina», el nombre comercial creado por la empresa para identificar sus tiras de pechuga de pollo empanizadas, pero que con el paso de los años terminó siendo utilizado por cientos de negocios en todo el país.
La controversia resurgió luego de que trascendiera que la empresa intimó a un negocio emergente para que dejara de utilizar ese nombre, reabriendo el debate sobre si la palabra continúa siendo una marca exclusiva o si ya pasó a convertirse en un término de uso común.
El origen de las Pechurinas
Durante el programa Almuerzo de Negocios, los panelistas recordaron que el concepto de Pechurina nació en Pollos Victorina a principios de la década de 1990 como una forma de identificar los deditos de pollo elaborados con pechuga empanizada y frita.
Posteriormente, la empresa registró oficialmente el nombre ante la Oficina Nacional de la Propiedad Industrial (ONAPI), convirtiéndolo en una marca protegida legalmente.
Sin embargo, con el paso de los años, numerosos restaurantes, picapollos y establecimientos comenzaron a utilizar la palabra en sus menús hasta el punto de que muchos consumidores dejaron de asociarla exclusivamente con Pollos Victorina.
El renacer del negocio de los picapollos
Los comentaristas destacaron que el mercado de los picapollos vive una nueva etapa de crecimiento en República Dominicana.
Tras años dominados por cadenas tradicionales y por la expansión de los llamados picapollos chinos, han surgido nuevas franquicias que han logrado posicionarse rápidamente gracias a las redes sociales y a nuevas estrategias de mercadeo.
Entre esos nuevos jugadores mencionaron a Picapollo Tía Sara, un negocio que ha ganado notoriedad en los últimos meses y que precisamente utilizaba el término «Pechurina» para promocionar uno de sus productos.
La intimación que abrió el debate
Según se explicó durante el programa, Pollos Victorina envió una comunicación legal solicitando que el establecimiento dejara de utilizar la palabra registrada.
Como respuesta, el negocio decidió cambiar el nombre del producto por «Pechutía», evitando así continuar utilizando el término que dio origen a la controversia.
No obstante, para los analistas, el caso trasciende mucho más allá de un simple cambio de nombre.
¿Llegó demasiado tarde Pollos Victorina?
Uno de los principales argumentos expuestos durante el debate fue que, durante más de dos décadas, cientos de negocios utilizaron la palabra «Pechurina» sin que existieran acciones legales visibles para impedirlo.
Esa situación habría permitido que el término pasara a ser utilizado por gran parte de los consumidores como un nombre genérico para identificar los deditos de pollo empanizados, independientemente de quién los venda.
Precisamente por esa razón surgieron cuestionamientos sobre si la empresa podrá mantener la exclusividad de la marca después de tantos años de uso generalizado.
El riesgo de convertir una marca en un nombre común
Durante la conversación se citaron ejemplos internacionales de marcas que, con el tiempo, dejaron de identificarse exclusivamente con una empresa para convertirse en palabras de uso cotidiano.
Los panelistas recordaron casos como Rollerblade, Pyrex o Lycra, utilizados para ilustrar cómo una marca puede perder parte de su exclusividad cuando el público comienza a emplearla como nombre genérico de un producto.
Aunque aclararon que cada caso depende de la legislación correspondiente, señalaron que la consistencia en la defensa de una marca suele ser un elemento determinante en este tipo de procesos.
¿Una estrategia que terminó favoreciendo al competidor?
Otro de los aspectos analizados fue el impacto mediático que generó la intimación.
Los comentaristas consideraron que la controversia terminó dando una publicidad inesperada al pequeño negocio, despertando la curiosidad de consumidores que anteriormente ni siquiera conocían su existencia.
Según su opinión, la conversación en redes sociales provocó que muchas personas comenzaran a interesarse por probar el producto del nuevo establecimiento, un efecto que podría beneficiar indirectamente al competidor.
Un debate que apenas comienza
Más allá del desenlace legal, la discusión ha puesto sobre la mesa un tema de gran interés para el mundo empresarial: la importancia de proteger una marca desde sus primeras etapas y mantener una vigilancia constante sobre su uso comercial.
Mientras algunos entienden que Pollos Victorina está ejerciendo un derecho legítimo sobre una marca registrada, otros consideran que permitir durante tantos años el uso generalizado del término podría complicar cualquier intento de recuperar su exclusividad.
Lo cierto es que la palabra Pechurina ha vuelto a convertirse en protagonista y, paradójicamente, la polémica podría estar impulsando aún más el consumo de un producto que forma parte de la cultura gastronómica dominicana desde hace más de tres décadas.



