En el año en que El Catador celebra cinco décadas de trayectoria, Marqués de Riscal llegó a República Dominicana para protagonizar un encuentro cargado de historia y significado, trasladando desde sus centenarias cavas dos añadas excepcionalmente seleccionadas para la ocasión: 1956, protagonista de una cata histórica, y 1946, reservada para un homenaje muy especial a Don Peppino, fundador de El Catador.

La botella de 1946, correspondiente al año de nacimiento de Don Peppino, permaneció durante ocho décadas en las cavas de Marqués de Riscal antes de emprender su viaje hasta Santo Domingo. Durante un encuentro íntimo junto a familiares, amigos y personas estrechamente vinculadas a la historia de El Catador, Ricardo Diéguez, director ejecutivo de Herederos del Marqués de Riscal, hizo entrega personalmente de esta pieza excepcional a Don Peppino.

El gesto adquiere un significado especial en un año en el que El Catador celebra medio siglo de trayectoria. Desde su fundación en 1976, la compañía ha acompañado la evolución de la cultura del vino en República Dominicana, acercando grandes casas y regiones vitivinícolas al país y, sobre todo, desarrollando una labor constante de conocimiento, selección y formación de nuevas generaciones de amantes del vino.
“Cuando una relación comercial dura casi tanto como la propia empresa, ya uno no puede llamarla simplemente una relación comercial. Es parte de nuestra historia”, expresó Giuseppe Bonarelli, Presidente Ejecutivo de El Catador.

Así, la entrega de la botella de 1946 se convirtió en un encuentro simbólico entre dos legados: el de Marqués de Riscal, una de las bodegas históricas más emblemáticas de España, y el de El Catador, una empresa nacida de la pasión de la familia Bonarelli por el vino y que, cincuenta años después, continúa construyendo alrededor de él una cultura de conocimiento, encuentro y celebración.
La experiencia continuó con la apertura y degustación de una excepcional añada 1956 de Marqués de Riscal, permitiendo a los invitados acercarse a la historia de la bodega a través de un vino que ha atravesado siete décadas y que conserva en cada copa la expresión de otro tiempo.
En el año de su 50 aniversario, el encuentro recordó también una de las convicciones que ha acompañado a El Catador desde sus inicios: que el vino trasciende la botella. Es memoria, cultura y vínculo; una manera de reunir generaciones alrededor de una misma mesa.
Porque hay botellas que guardan mucho más que vino. Guardan historias que, con el paso del tiempo, encuentran el momento perfecto para volver a ser contadas.



