Durante casi 90 años, ingenieros y autoridades han debatido la posibilidad de construir una conexión directa entre Long Island y Connecticut, una obra que permitiría evitar la ciudad de Nueva York y algunas de las carreteras más congestionadas de Estados Unidos.
Aunque ambas zonas están separadas por apenas 28 kilómetros de agua en algunos puntos, trasladarse entre ellas sigue siendo complicado. Los conductores pueden utilizar un ferry o recorrer una ruta terrestre que atraviesa Queens, el Bronx y la autopista interestatal I-95.
El viaje por carretera puede superar las tres horas cuando hay congestionamiento, mientras que cruzar en ferry requiere alrededor de una hora y 15 minutos, sin contar el tiempo de embarque y posibles retrasos. Además, transportar un vehículo puede costar desde US$70 por trayecto, cifra que aumenta considerablemente para los camiones.
Una autopista que quedó incompleta
La Ruta Estatal 135 de Nueva York termina de manera abrupta en Long Island porque originalmente formaba parte de un proyecto mucho más ambicioso.
Durante la década de 1960 se contempló prolongar esta autopista hacia el norte y conectarla con un puente sobre el estrecho de Long Island. La estructura habría tenido unos 10 kilómetros en uno de sus principales tramos y estaba llamada a convertirse en uno de los puentes colgantes más grandes de Estados Unidos.
Sin embargo, el proyecto nunca avanzó debido a sus enormes costos, las dificultades técnicas y la oposición de las comunidades costeras.
El desafío de construir sobre el estrecho
La longitud no es necesariamente el principal obstáculo. En Estados Unidos existen puentes de más de 35 kilómetros, como la calzada del lago Pontchartrain y el puente del pantano de Manchac, ambos en Luisiana.
La diferencia está en la profundidad. El lago Pontchartrain tiene una profundidad promedio de entre tres y cuatro metros, lo que facilita la instalación de pilotes y pilares. El estrecho de Long Island alcanza un promedio cercano a los 20 metros y en algunas zonas supera los 100 metros.
Estas condiciones exigirían cimientos más profundos, pilares más resistentes y métodos de construcción considerablemente más costosos.
Un puente de US$50,000 millones
Una de las propuestas más recientes contempla levantar un puente de aproximadamente 22.5 kilómetros entre Bridgeport, Connecticut, y Long Island.
El proyecto incluiría un gran tramo colgante para permitir el paso seguro de embarcaciones. También se ha planteado incorporar una línea ferroviaria que conecte Long Island con el concurrido Corredor del Noreste.
Su costo estimado sería de unos US$50,000 millones, lo que convertiría la obra en una de las infraestructuras públicas más caras construidas en Estados Unidos.
Además del precio, la propuesta enfrenta el rechazo de residentes preocupados por las carreteras de acceso, que atravesarían comunidades, humedales y zonas costeras protegidas.
La alternativa de un túnel
Ante el impacto que provocaría un puente, también se ha considerado construir un túnel de al menos 26 kilómetros bajo el estrecho.
Una opción sería utilizar enormes secciones prefabricadas colocadas en el fondo marino. La otra consistiría en excavar desde ambos extremos mediante tuneladoras, siguiendo un modelo similar al del túnel del canal de la Mancha.
Sin embargo, una estructura de esta magnitud necesitaría accesos subterráneos extensos, sistemas avanzados de ventilación y excavaciones a gran profundidad. Todo esto elevaría notablemente el presupuesto.
La solución híbrida podría costar US$100,000 millones
Otra propuesta combina puentes, túneles e islas artificiales. Los vehículos entrarían en un túnel para evitar las áreas residenciales, llegarían hasta una isla construida en medio del estrecho y continuarían por un puente antes de volver a descender bajo tierra.
Este modelo facilitaría el paso de los barcos y reduciría el impacto sobre las comunidades costeras. Es similar al sistema utilizado en el puente Hong Kong-Zhuhai-Macao, considerado el cruce marítimo más largo del mundo.
No obstante, su costo podría alcanzar los US$100,000 millones, aproximadamente el doble de lo que costaría construir únicamente un puente.
Por ahora, todas las alternativas enfrentan el mismo dilema: el puente causaría un fuerte impacto en las comunidades, el túnel resultaría demasiado caro y la combinación de ambos tendría un presupuesto difícil de justificar.
La conexión directa entre Long Island y Connecticut es técnicamente posible, pero su elevado precio y las consecuencias ambientales y urbanas mantienen en suspenso un proyecto discutido durante casi un siglo.



