Hoy es difícil imaginar una torre residencial, comercial o pública sin un sistema de elevación. Para compradores e inversionistas, los ascensores son casi una necesidad. Sin embargo, de acuerdo a Jorge González en El Nacional, pocas personas que caminan por la calle El Conde, en la Ciudad Colonial, saben que ese servicio tiene un antecedente local en el Edificio Baquero, la primera construcción del país en contar con ascensor.
Ubicado en la esquina con la calle Hostos, el inmueble se levantó a comienzos del siglo XX como una pieza arquitectónica destacada y como símbolo del salto del país hacia la modernidad urbana.
Un edificio que marcó la altura
Cuando se construyó, la verticalidad apenas empezaba a dibujarse en la ciudad. El Baquero fue la primera edificación de gran altura en territorio dominicano y, además, la primera en incorporar un ascensor.
Su llegada al país, entre 1914 y 1915, estuvo vinculada inicialmente a trabajos de ingeniería civil en la carretera Azua-San Juan. Detrás del proyecto estuvo el ingeniero industrial Benigno Trueba, nacido en Puerto Rico cuando la isla todavía pertenecía a España y graduado en 1909 en la Escuela de Ingenieros de Barcelona. Según el artículo, la escasez de especialistas en construcción y arquitectura en esa época lo llevó a dedicar su talento al diseño de edificaciones pioneras en la calle El Conde.
Más que una máquina
Instalar un ascensor en aquellos años no era solo una solución para subir pisos. Era una señal de que el país seguía las tendencias de la ingeniería mundial. Aquella máquina, según la nota, elevó también las aspiraciones de progreso de toda la nación.
Un recorrido breve por la historia del ascensor
La idea de mover cargas en vertical tiene raíces antiguas, desde los sistemas de poleas y fuerza animal del siglo III a. C. hasta los montacargas del Coliseo romano. El salto decisivo llegó en 1852 con el estadounidense Elisha Otis, cuyo mecanismo de seguridad frenaba la cabina si el cable fallaba. En 1857, un ascensor de pasajeros movido a vapor fue instalado en unos almacenes de Broadway, en Nueva York.
Con el tiempo, llegaron la tecnología hidráulica en 1872, la electricidad y, más adelante, los rascacielos. El ascensor también cambió la vida urbana al permitir que personas mayores y con movilidad reducida pudieran subir a los edificios sin depender de las escaleras.
El abandono de un símbolo
Casi un siglo después, el Baquero sigue en pie, aunque abandonado. El artículo subraya que, pese al deterioro, el inmueble conserva su presencia y se mantiene como un testigo de la evolución de la ciudad y de la identidad nacional.



