Parientes de fallecidos a los que practicarán autopsia en la sede del Instituto Nacional de Ciencias Forenses del cementerio Cristo Redentor, denunciaron ayer que el procedimiento está suspendido hasta que concluya la reparación del local y temen recibir cadáveres descompuestos, pues ya el olor delata su estado.

La incertidumbre les agobia en casos como el de Juan Pablo Gómez. No obtiene el más mínimo aliento sobre la entrega de los restos de su tío y cinco días después del deceso solo le indican que cuando terminen los trabajos harán las necropsias.



“Salvo las víctimas de incendio, que no requieren agua para el estudio, los otros deben esperar, porque no podemos echar una gota hasta que todo esté listo”, explica un empleado, que tampoco tiene idea de cuándo será.

Mientras, familiares de difuntos merodean a diario por la zona en busca de respuestas y cuestionan que aún ese centro reciba cuerpos si no está en condiciones de ejecutar el procedimiento.



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“No sé cómo los vecinos soportarán el hedor”, dice Judith Betancourt, que espera por los restos de su prima, muerta hace cuatro días.