A los 40 años, Arthur C. Brooks se propuso una lista de metas que quería alcanzar antes de cumplir 50: logros profesionales, objetivos personales y otras aspiraciones que, según creía, lo harían más feliz. Una década después, revisó esa lista y descubrió algo inesperado: había conseguido casi todo lo que se había propuesto, pero se sentía menos satisfecho que al inicio.
Esa experiencia llevó al profesor de Harvard y especialista en bienestar a cuestionar una idea muy extendida: que la felicidad llega con más dinero, reconocimiento, poder o éxito. Según De acuerdo a Martín Nicolás Parolari en Gizmodo en Español, Brooks sostiene que el problema no siempre es tener poco, sino la cantidad de cosas que seguimos deseando incluso después de conseguir lo que queríamos. Desarrolló esta idea en su libro From Strength to Strength y la explicó en una conversación organizada por la Escuela de Negocios de Harvard, junto a Oprah Winfrey.
Brooks plantea una fórmula sencilla: dividir lo que tenemos entre lo que queremos. No es una ecuación validada científicamente, sino una forma de entender por qué alcanzar metas no siempre produce una satisfacción duradera. Según su planteamiento, hay dos maneras de mejorar nuestra satisfacción: aumentar lo que poseemos o reducir las expectativas y deseos que consideramos indispensables. La primera suele ser la más intuitiva, pero la sensación de logro tiende a desvanecerse y da paso a nuevas metas, un proceso que en psicología se conoce como adaptación hedónica.
Como herramienta, Brooks propone hacer una lista inversa de deseos. En lugar de anotar todo lo que queremos conseguir, sugiere identificar las ambiciones ligadas al dinero, al prestigio o a la aprobación ajena, y preguntarse cuánto aportan realmente a una vida con sentido. Esto no implica abandonar las metas profesionales ni dejar de mejorar las condiciones materiales, sino evitar que cada nuevo logro se convierta en un requisito para sentirse satisfecho.
La propuesta también invita a revisar qué significa tener éxito. Para Brooks, las relaciones personales, el propósito y la capacidad de contribuir al bienestar de otros pesan más que la búsqueda constante de reconocimiento. Esto coincide con el Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, iniciado en 1938, que encontró que la calidad de las relaciones en la mediana edad era uno de los mejores indicadores de salud y bienestar en etapas posteriores. Por otro lado, un metaanálisis publicado en 2025 en Proceedings of the National Academy of Sciences reunió 145 investigaciones de 28 países y encontró que las intervenciones basadas en la gratitud producen mejoras pequeñas, aunque estadísticamente significativas, en el bienestar.
Nada de esto quita importancia al dinero ni significa que reducir expectativas resuelva problemas económicos. Tener recursos suficientes para vivir con seguridad sigue siendo esencial. La pregunta que propone Brooks es, en cambio, si seguiríamos persiguiendo una meta si nadie más supiera que la alcanzamos. La respuesta puede ayudar a distinguir entre lo que tiene un significado personal y lo que buscamos principalmente por aprobación externa.



